Un raro fenómeno que, aunque no es nuevo, resulta llamativo: hubo en la Tierra primigenia, en el precámbrico de hace 2500 millones de años y seguramente antes, reactores nucleares naturales; algunos de los cuales son en la actualidad minas de uranio, como la de Oklo en Gabón.

Estos fenómenos requerían una gran acumulación de materia radiactiva (más común en aquella época) y la existencia de agua corriente que frenara el proceso de fisión, para que el conjunto no explotara. Esto que ahora se hace con barras de grafito y deuterio, en aquellos tiempos se lograba con agua normal y corriente que absorbía neutrones y evitaba que la reacción en cadena se acelerara.

El detalle curioso es que estos reactores prehumanos generaban contaminantes, como es de suponer, pero el sedimento granítico que les servía de lecho los contuvo durante todo este tiempo. Es curiosísimo comprobar que en estos 2500.000.000 de años, mientras se alzaban cordilleras y se reducían continentes a polvo y toda la vida terrestre desarrollaba su historia, los componentes del reactor se han desplazado menos de 10 metros.

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