Una expedición arqueológica ha hecho un espectacular descubrimiento en las tierras bajas del Petén en Guatemala: el taller de un escriba del siglo IX, con frescos ilustrando personajes reales y elementos calendáricos de los cuales no hay testimonios escritos hasta mucho más tarde.

Xultún es una ciudad del período Clásico maya con 16 km2 de extensión abandonada a finales del siglo IX que se redescubrió en 1915; aun así, gran parte del yacimiento sigue sin explorarse. Un equipo de las universidades de Boston y Texas descubrió una vivienda oculta bajo un metro de tierra y vegetación en 2010. La cámara interior estaba adornada con pinturas de individuos ricamente ataviados, uno de ellos seguramente un rey. Junto a él se arrodilla un escriba  identificado por las inscripciones como “Hermano Menor Obsidiana” y varios personajes de color negro con curiosos ropajes, uno de los cuales también presenta un glifo descriptivo: “Hermano Mayor Obsidiana“.

Es la primera vez que se encuentran frescos de este tipo en una casa, lo cual da pie a la teoría de que el alojamiento pertenezca a la cámara privada de un escriba-sacerdote (tal vez el “Hermano Menor” del rey?) encargado de los cálculos y observaciones astronómicas. Además de las pinturas hay cientos de glifos rojos y negros anotados en las paredes, que corresponden al calendario maya que conocemos a partir del Códice Dresde (Postclásico, aproximadamente 1250 d.C.). Sólo que esta versión mucho más antigua contiene 17 b’ak’tunes en lugar de 13.

El calendario maya de Cuenta Larga consta de días (k’in) “meses” de veinte días (winal) “años” de 360 días o 18 winales (tun), k’atunes (períodos de 20 tun) y b’ak’tunes (períodos de 20 k’atunes, total 144.000 días). El próximo b’ak’tun, el nº 13, coincide con el 21 de diciembre de este año, por ejemplo: según el calendario que conocíamos este sería un punto de “reseteo” para iniciar una nueva cuenta. Sin embargo, el calendario de 17 b’ak’tunes de Xultún pospone este reseteo 1.600 años; y cifras apuntadas en las paredes (relacionadas con los ciclos astronómicos de Venus, Marte y los eclipses lunares) efectúan cálculos que se extienden 7000 años en el futuro. ¡Es curioso que este hallazgo coincida precisamente con el año del cambio de b’ak’tun! De cualquier manera los mayas tenían unidades superiores en su ciclo: Un alautun son 20 k’inchiltunes, que a su vez son 20 kalabtunes, que son 20 pictunes, que son 20 b’ak’tunes: esto son poco más de 63 millones de años.

Y después de eso, sí, nos alinearemos al eje magnético del chakra galáctico, vendrán los extraterrestres de la Confederación de Raticulín, y moriremos todos. Pero después.

Noticia en Scientific American.

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