George Lucas, cuando era pobre -es decir antes de Star Wars– decidió venir a rodar a los viejos estudios Elstree de Hertfordshire (Gran Bretaña) porque los costes de producción eran menores que en USA. Muchos actores eran británicos: el acento de la República Galáctica quedó grabado para la posteridad como un suave y refinado inglés. Obviamente, todos los recursos de apoyo a la película también fueron ingleses: catering, transporte, suministros, vestuario, decorados.

A Lucas le salieron bien las cuentas y siguió rodando películas en Elstree: toda la saga de Star Wars y las películas de Indiana Jones. Además, quedaba más cerca de Túnez donde también rodaba las escenas de exteriores desérticas más barato que en Arizona. La cazadora de Jones, el sombrero, la camisa, son todos productos de firmas británicas: incluso la maricona mochila que lleva es procedente de un surplus del ejército. Lo mismo puede decirse de los diseños de vestuario de Star Wars, desde los trabajos de John Mollo a Trisha Biggar. Concretamente Mollo, que había diseñado armaduras, fue quien recogió los dibujos de Ralph McQuarrie y les dio forma tridimensional en resina plástica. Estas armaduras fueron producidas en serie para la película por una casa también inglesa, Shepperton Design Studios, que conservó los moldes en un momento en que lo que menos interesaba a Lucas eran los derechos de autor (aunque ya pensaba en los royalties de la venta de juguetes, pero esa es otra historia). Se cuenta la anécdota de que Lucas veía el andar de las tropas de asalto, que “se arrastraban como cangrejos”, y le parecía que los extras actuaban de forma poco profesional: la verdad es que por las prisas del rodaje las piezas pélvicas de plástico no tenían lijados los cantos y al andar pellizcaban, ejem, las partes.

Tras el éxito de las películas, algunas de estas empresas se dedicaron a vender réplicas de props  a los fans que poco a poco iban apareciendo por el mundo. Terminada Return of the Jedi y concluida la trilogía, sin ninguna noticia de continuidad, la leyenda empezaba a dar más beneficios secundarios que recaudaciones por el pase de las películas. Así en 2004, SDS empezó a vender réplicas de los uniformes del stormtrooper original de 1977. Ese mismo año recibieron una demanda de los abogados de Lucasfilm por 20 millones de dólares. Visto el tema, Andrew Ainsworth cortó la producción y venta de las réplicas; carecía de medios financieros para enfrentarse a semejante Goliath corporativo.

Lucasfilm prosiguió con las acciones legales, intentando elevar la demanda de las cortes americanas a la Corte Suprema británica. Hubo abogados que se ofrecieron a ayudar a Ainsworth, y el litigio siguió adelante. Después de estos años, el veredicto ha sido que los elementos de vestuario de una película se consideran como diseño industrial y no obra de arte. Estos diseños tienen una protección del copyright de 15 años, por lo cual ya son de dominio público (al menos en el Reino Unido).

Por supuesto el veredicto no ha sido para anda del agrado de la compañía californiana, que considera el veredicto como una “anomalía legal“.

La noticia en BBC News.

La web de Shepperton Design Studios, con tienda online y todo (ahora totalmente legal). Uniforme de tropa de asalto imperial, casco incluido:  £750.00 . Jorobar a George Lucas impunemente: no tiene precio.