Esta es una pregunta cuya ética implícita deberemos resolver antes de contactar con una especie extraterrestre; las consecuencias de no hacerlo serían malas. Me explico.

Desde el principio de los tiempos el hombre, depredador supremo, ha matado para comer o para ocupar territorios sin preocuparse mucho por el porqué o el si debiera. Estas preguntas vinieron después (supongo que con la panza llena y en un sitio cómodo) y van abarcando cada vez más y más perturbadoras zonas: primero, que si las razas extranjeras poseían alma o derechos*; luego, que si los derechos de los animales, sobre todo aquellos dotados de psiquismo comparable al nuestro.

Es decir: es más fácil proteger a un chimpancé, un delfín o un perro que de una iguana o un pangolín, poco expresivos y de inteligencia más bien mediocre. ¡Como si la inteligencia fuera una premisa necesaria para la compasión! Incluso a nivel científico, y esto se remonta a Descartes, se consideraba a los animales como máquinas cuyo comportamiento está regulado por rutinas preestablecidas; el concepto de inteligencia animal está aún en desarrollo, y día a día descubrimos habilidades “inteligentes” en animales tan poco similares a nosotros como pulpos, cuervos o estrellas de mar. Un estudio tan reciente como 2009 (Garner & Nordgreen, Purdue University) demostraba que los peces podían sentir “dolor”, que es un estado perceptivo complejo que requiere la transmisión de datos de error al sistema nervioso central y una respuesta de defensa. Antes se creía que las sacudidas de un pez en el anzuelo eran meros espasmos motores; pero al administrar morfina -bloqueando los mecanismos nociceptores que transmiten las señales de dolor- estos espasmos desaparecían. Este y otros estudios han llevado a algunas legislaciones, como en Alemania, a prohibir según qué tipos de pesca.

También recientemente se ha especulado sobre la capacidad de respuesta a estímulos de los vegetales (que carecen de sistema nervioso, pero no por ello les faltan mecanismos de respuesta) y por lo tanto la consideración de “dolor” y “sufrimiento” en una mata de hierba segada, cuyo rico aroma es una cascada de químicos derramada por la planta: como un grito esparcido por el aire, si nos ponemos poéticos.

Los invertebrados se han quedado atrás en esta expansión de la compasión. Seguimos comiendo ostras vivas, viendo cómo se arrugan al echarles limón; o cociendo langostas vivas.  Y aquí viene el experimento de Robert Elwood, siguiendo los pasos de aquellos que restregaban picante en la boca de una trucha: Elwood empezó untando las antenas de una gamba con vinagre. La gamba procedía en todos los casos a limpiarse con las pinzas la antena irritada, excepto cuando se le aplicaba un anestésico local.

Prosiguió el experimento con cangrejos ermitaños, que recibían una pequeña corriente eléctrica y también se pasaban un rato frotándose el sitio. También se probó amputándosele patas**; el restregado de la herida era lo habitual. Otros experimentos ampliaron un poco más la perspectiva: el dolor hacía que los cangrejos aprendieran dónde no debían meterse (por ejemplo, en según qué conchas que les sirven de refugio). Aún más: el hecho de que un cangrejo abandonara una concha dependía no sólo de la intensidad del dolor, sino de la calidad –deseabilidad– de la concha. Un buen refugio merecía un par de calambrazos.

Estos son comportamientos complejos, no meras respuestas motoras a estímulos -concluye Elwood- hay aprendizaje rápido y respuestas prolongadas que implican una funcionalidad del sistema nervioso central. Algo que hasta ahora sólo reservábamos a los dotados de espina dorsal.

¿De cuándo creéis que es el estudio de Elwood? 1890? 1920? No: es del 25 de febrero de 2014.

*Pablo III, en su bula Sublimis Deus (1537) soluciona el tema de los amerindios, reconociéndoles el alma inmortal. Eso llevó a la introducción de esclavos negros de África para realizar tareas inhumanas, teniendo como consecuencias finales entre otras cosas el jazz o la cocina creole de Louisiana, cuyos ingredientes principales suelen ser gambas, cangrejos y otros mariscos.

** Los cangrejos regeneran sus patas. Sin problemas.

The evidence for pain in fish: the use of morphine as an analgesic, un estudio sobre los labios de la trucha arco iris, en Science Direct.

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