Hace algún tiempo salió el tema de que si Kal-El, el último kryptoniano (vulgo Superman) era judío. Esto en parte era por el nombre, en parte por lo mesiánico en general del tema, y en parte porque sus creadores eran judíos . Pero también porque quien sacó a relucir el tema era un rabino, aprovechando el tirón de la película Superman Returns.
Es una estrategia común la de asignar gran cantidad de actividades a una colectividad cuando se desea darle bombo para bien o para mal. La masonería moderna ve actividades y símbolos de la Obra en todo, desde las catedrales medievales a los egipcios, pasando por los billetes de dólar y otros ejemplos. Los nazis veían actividades judías por todos lados -claro que del punto de vista negativo- y recuerdo una vez en El Cairo en que una amiga local me dijo, ante mi extrañeza por la actitud de la gente, que creían que era un espía israelí. Eran los tiempos del atentado del Museo y el Templo de Hatshepsut y la paranoia volaba.

Malpensados, sois unos malpensados.
En Venezuela -país con una buena parte distribuda en los Andes- el desplazamiento de bienes no siempre resulta fácil debido a la altura: senderos casi impracticables, aire enrarecido y clima que no siempre ayuda, contribuyen a aislar regiones enteras del mundo exterior. Pero además de privarle de bienes materiales de utilidad innegable, como aspirinas y Playstations, este bravo territorio impide la llegada de la cultura. No hay TV, la señal de teléfono móvil es débil o nula, de Internet ni hablar… algunos de estos lugares deben parecerse mucho a mi idea del Infierno.
Bromas aparte, el proyecto Bibliomula, iniciado por la Red de Escuelas Rurales a partir de una idea de la Universidad de Momboy, consiste en llevar mulas (el mejor medio de transporte andino de todos los tiempos, demostrado) con alforjas cargadas de libros de préstamo, una especie de Bibliotecas ambulantes que van de poblado en poblado. Recordando mis tiempos como usuario de bibliotecas públicas, puedo imaginarme lo atractivo que debe ser esto (sobre todo para la chiquillería de esos pueblos) y el bienhechor efecto de estas mulas sobre el pueblo en general, normalmente privado por distintas circunstancias de acceder a una cultura que debería ser patrimonio de todos.
El futuro que se plantea es el de las Cinemulas (con proyectores y películas) y, cómo no, las Cybermulas, que además irían instalando modems wireless para crear una red de comunicaciones local.
La noticia, más explicada en la BBC, vía BoingBoing.

Todos mis amigos creen que soy un freaky de Star Wars, con un punto de Star Trek. Por supuesto esto es incorrecto. A la piedra en bruto que era cuando niño la han ido golpeando muchas cosas, dándole facetas y fabricando lo que es ahora: una piedra aún más bruta y cortante. Una de esas cosas fue ver una película poco prometedora de aventuras, hecha eso sí por dos tipos a los que les llevaba un seguimiento constante: George Lucas y Steven Spielberg.

La Foley Gallery de Nueva York alberga este mes y el que viene la colección de Kent Rogowski: Bears, una serie de fotografías de estudio con ositos de peluche vueltos del revés. Como puede verse en la foto (pica para ampliar) algunos son hasta conmovedores.
(vía BoingBoing)

Alguien describió una vez el mundo como un campo de presas y depredadores. Todos cazamos algo y a su vez somos cazados, y el cazador supremo tiene que aprender dos cosas: primero, las costumbres de su presa al dedillo: dónde come, qué come, cómo se mueve.
Segundo, debe ser imprevisible, ya que la costumbre le hace débil ante su depredador; por lo cual debe romper con todas las rutinas y actuar inesperadamente. Claro que estamos hablando de una idea, un ente perfecto. A esto se le llamaba el arte del acecho.
Anoche estaba viendo un episodio de Héroes con la actuación como artista invitado de George Takei -sí, el gay-pride Mr. Sulu- que al final de su papel se alejaba en una limusina. Un flashazo a la matrícula revelaba el número de registro federal del U.S.S. Enterprise… y debo decir que me hubiera sorprendido no verlo.
¿Tan previsibles nos hemos vuelto los consumidores que hasta el mercado geek está anticipado en sus reacciones? ¿Somos como débiles conejos ante corporaciones que nos superan en poder y en inteligencia? La reacción del conejo hubiera sido reír la gracia del huevo de Pascua trekkie; la de un acechador… quién sabe?

Me acabo de enterar que los cines de España estaban hoy en huelga, secundada por el 90 y pico por ciento de las salas, en protesta contra el nefasto proyecto de ley que exigirá a los proyeccionistas pasar una película española o comunitaria por cada tres de “fuera” (léase inglesas-americanas, aunque evidentemente esto incluye a todos los demás mercados de rebote). Esta inmunda violación de la libertad, ya aplicada con éxito en televisión, se basa en que es necesario fomentar el visionado de cine culto y de asentados valores locales en las masas alienadas con extranjerismos que, oh cielos, además son éxitos de taquilla en determinados casos (en la mayoría no).
No voy a opinar aquí sobre cine español, porque la verdad es que en muchos aspectos lo considero brillante (casi todos los oscar secundarios) pero falla en encontrar mercado. No produce obras populares, o si lo hace son demasiado populares (léase Torrente o Mortadelo y Filemón). Pero de ahí a forzar a los que se ganan el pan proyectando cine a perder dinero para que los subvencionados productores locales se hinchen como pavos, hay un paso muy claro. Ya lo dijo la ministra en rueda de prensa: “Parece que estos señores no se enteran [los de las salas], ehn?, que esta ley ya existe! Y se aplica desde los años cua-ren-ta! ehn?”
Muy bonito, señora ministra. Ha dado en el clavo: una ley proveniente de la mejor época de la dictadura más culturalmente opresiva de Europa, remozada hoy. ¡Hasta da para hacer una película! Algo sobre la posguerra… ¡Qué idea tan original y fantástica!

La Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo ha planteado una propuesta con el título “Los peligros del creacionismo en la educación” hace unos meses. Educadamente -diplomáticamente sería el término justo- se constata la inesperada expansión del mito bíblico en cierto país de América, y se proponen contramedidas para que esto no ocurra en Europa, que ya sabemos lo que pasa después.
A veces me da gusto esto de ser europeo, aunque sea a ratos.

Oigo por ahí que hace 30 años ya que estrenaron Star Wars. Puede ser. También hacen 40 de 2001:A Space Odissey, y nadie dice nada. Tuve la suerte de ver las nueve seis películas en el cine, como deben verse, y cada una en su momento (guste o no guste, los efectos especiales son esenciales en una película de fantasía; y como el pescado, deben consumirse frescos). Las anécdotas no faltan: haber corrido diez o doce manzanas en busca de mi madre porque El Imperio estaba prohibida a menores de 13 (y no llevaba el DNI encima; desde ese día ya sí) o habernos metido con mi hermano y mi abuela a ver El Corazón Verde y ver cómo, por un error de sala, proyectaban El Retorno del Jedi; la angustiosa búsqueda de las bandas sonoras (que me llevó diez años); la maqueta de un crucero imperial que se quedó en un tren en Bulgaria mientras cambiaba moneda, y me obligó a perseguir y trepar a una locomotora en marcha ante los ojos espantados del maquinista… oh, muchas cosas, más allá de las películas.
Así que, treinta años después del principio, me encuentro viviendo en un desierto amarillento en la periferia del mundo civilizado; y cuando el (único) sol enrojece el horizonte no puedo evitar oír cierta musiquilla y hacer un travelling con la mirada hacia arriba, a las estrellas, a lo que nos espera. Eso es lo que me ha hecho Star Wars, en lugar de convertirme en una especie de cheerleader masculino con un tubo de neón. Menos mal!
La foto es de las viviendas de esclavos de Mos Espa, tal como están ahora.

Llevo un tiempo viendo series enlatadas, de las que no se emiten en esta bendita TV nuestra, tan elusiva a la temática de CF. Dos de estas series tienen elementos que llevan a reflexión, sobre todo cuando se ven simultáneamente como es mi caso. Ojo que este post es largo. Lee el resto »


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