hormigaA muchos nos puede parecer que la mano es la manifestación suprema de un organismo inteligente que modifica su entorno: la eficiencia de este diseño vertebrado, un pequeño manojo de huesos articulados controlados por un buen sistema nervioso, es espectacular. Pero no es la única.

En los últimos años hemos visto a los pulpos manipular objetos complejos y a otras especies usar quelíceros, garras y pinzas con maestría. Un buen racimo de tentáculos bien controlados podría ser superior a nuestras humildes manos con un solo dedo oponible; así que no es raro que la cibernética se aparte de las manos mecánicas de un T-101 o un Skywalker y busque nuevos caminos.

Así, un miembro robótico flexible en forma de cable de polímeros, creado en la Universidad Estatal de Iowa (USA) es capaz de enroscarse en un círculo de sólo 200 micrómetros de radio con la suficiente delicadeza (0,78 micronewtons de fuerza) para atrapar una hormiga o una hueva de pez sin hacerles daño. El funcionamiento es sencillo: el tubo de polidimetilsiloxano está hueco y se enrosca al provocar el vacío dentro. Sus creadores piensan aplicarlo a funciones de microcirugía, ya que estas finas hebras tentaculares pueden penetrar por venas y arterias hasta llegar a su objetivo.

Aunque todos sabemos cómo acabará esto.

chicas entre tentáculos

Microrobotic tentacles with spiral bending capability based on shape-engineered elastomeric microtubes, en Nature.

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