HairyManCuando hablamos de críptidos antropoides (teóricamente, ramas colaterales de homínidos que han coexistido con la humanidad medio a escondidas) los más populares son el Abominable Hombre de las Nieves, Yeti (menos conocido es el nombre tibetano, Mi-Go) y el Sasquatch o Pies-Grandes de los bosques de Norteamérica. No discutiremos aquí la realidad o leyenda de estos seres, ya que su existencia es posible -una especie-reliquia de gran tamaño pero inteligente puede perfectamente mantenerse en el anonimato en según qué regiones- pero las pruebas de que disponemos son en su mayor parte testimonios, relatos de segunda mano o peor, ingeniosos fraudes que tristemente hacen caer en el descrédito a la totalidad de la historia.

Pero sí hay que puntualizar que las leyendas de primos lejanos del hombre no se limitan a esos dos. Esta vez vamos a hablar de uno de ellos, perteneciente al folklore esquimal, que además tiene conexiones con eventos muy curiosos.

En el folklore americano hay muchos nombres para designar al Sasquatch: Witiko*, Omah, Tsiatko, Qah-lin-me… es posible que los diferentes relatos de los indios de Norteamérica se refieran a poblaciones de una misma especie, o a más de una? Las descripciones varían desde los seres huidizos y tímidos (que es la actualmente en boga en occidente) a gigantes caníbales tremendamente agresivos, que suelen ser las más frecuentes a medida que nos acercamos a las zonas polares.

Los esquimales o inuit también tienen sus historias de gigantes: los tunnit o tornit**, una raza más primitiva que coexistió en tiempos remotos con los inuit.

(Lo que sigue es adaptado y resumido de las leyendas esquimales):

dorsetmaskEn tiempos antiguos, los inuit no eran los únicos habitantes de la tierra en que viven en la actualidad. Otra tribu similar a ellos compartía su coto de caza, pero estaban en buenos términos, ambas tribus vivían en armonía. Los tornit eran mucho más altos que los inuit y tenían piernas y brazos muy largos. Casi todos ellos tenían los ojos turbios. Eran extremadamente fuertes y podían levantar grandes piedras, que eran, con mucho, demasiado pesadas para los inuit, incluso para los de aquellos tiempos legendarios que eran mucho más fuertes que hoy.

El tornit vivía de morsas, focas y ciervos -tal como los esquimales hacen hoy en día- pero sus métodos de caza eran diferentes. Su vestido de invierno era un abrigo largo y ancho de pieles de ciervo, similar al gabán de los esquimales, pero que llegaba hasta las rodillas e iba adornado con tiras de cuero. En invierno se llevaba esta prenda, el borde inferior de la cual se fijaba en la nieve por medio de clavijas. Bajo la chaqueta llevaban una lámpara pequeña, llamada tumiujang (literalmente, en forma de huella) o quming sobre las que fundían la nieve en una olla pequeña, o cocían la carne de focas recién capturadas.

Todos sus armas eran de piedra. Para las hojas de los cuchillos usaban pizarra verde (uluqsaq, literalmente material para cuchillos de mujeres), sujeta por medio de pasadores de marfil a un hueso o un mango de marfil. Las puntas de sus arpones eran de hueso, marfil o pizarra, las de sus lanzas de pedernal o cuarzo, que también fue utilizado para taladros; no tenían ni kayaks ni arcos.

Su método de caza de ciervos era notable. En un paso, donde la manada no podía escapar, erigían una fila de piedras unidas por cuerdas a través del valle. Algunos de los cazadores se escondían detrás de los mojones, mientras que otros conducían los ciervos hacia ellos. Como los animales no podían pasar la cerca huían a lo largo de ella buscando una salida, y entonces eran lanceados por los cazadores ocultos, que luego arrastraban la presa fuera del cercado de piedra.Esta historia se menciona como una prueba de su enorme fuerza y ​​se dice que eran capaces de mantener una morsa arponeada con la misma facilidad que un esquimal sostenía una pequeña foca.

El tornit no podía limpiar las pieles de foca tan bien como los inuit, así que la usaban sin curtir y con parte de la grasa adherida. Su forma de preparar la carne era asquerosa, ya que dejaban que se pudriese y la colocaban entre los muslos y el vientre para calentarla.

Generalmente no construían iglús, pero vivían todo el invierno en edificios de piedra, los techos de las cuales se sostenían con costillas de ballena.

La leyenda refiere varios motivos individuales por los que la relación entre los dos pueblos se agrió (a veces rencillas o accidentes) a consecuencia de los cuales los tornit abandonaron el territorio adentrándose en el norte.

¿Pueden ser estos relatos testimonio de una coexistencia con otra especie humana? Actualmente la controversia sobre la ocupación humana de América parece resuelta a la baja mediante el análisis genético: la fecha de entrada de poblaciones por el estrecho de Bering sería hace unos 14.000 años. Pero en aquellas regiones norasiáticas habitaban también otros humanos desde hace al menos 250.000 años, y algunos pudieron acompañarlos en su desplazamiento a América. De todas formas, la descripción de los tornit no casa con  Homo neanderthalensis o erectus ; se trataría de otra especie, en todo caso.

La cuestión aún más extraña es, ¿A qué región fueron estos tornit? ¿Es eso de “se fueron hacia el Norte” una metáfora de su lenta extinción, o significa algo más? Para los brujos inuit, existe una región mística -especie de dimensión alternativa- a la que llaman Qaumaneq u Omanek, que es también el nombre de la experiencia mística a través de la cual se ven como seres luminosos y son capaces de acceder a ese plano. Ese “resplandor” de los chamanes atrae también a las criaturas que viven en el Omanek, entre ellos los tunnit o toonijuk, especie de gigantes caníbales peludos y dotados de inmensos caninos.

Continuará…

 

Historias de los tornit.

* El witiko o wendigo, “el-que-vive-solo” es también una metáfora del terror que despiertan los lugares solitarios: un gigante caníbal de dieciocho metros de estatura, capaz de adoptar cualquier forma, que puede devorar o poseer al infortunado que se aventura en las soledades boscosas del Gran Norte.

** El término tornit también define a una gama de espíritus -no muy diferentes del propio inua, que es el espíritu del individuo- que pueden tomar forma de osos, personas o rocas. Son seres mágicos, pero en esencia lo mismo que nosotros. La mitología inuit es, como puede verse, bastante sofisticada.