Pentecopterus decorahensisEl descubrimiento de un nuevo escorpión marino, más antiguo de lo que se pensaba, ha cambiado un poco los planteamientos sobre la vida pasada: suele pasar cuando se encuentra un depredador especializado donde no debía haberlo. Y los escorpiones marinos eran magníficos depredadores, los liopleurodones o tiburones blancos de su época.

La vida en la Tierra ha evolucionado a tirones. Hubo un tiempo en que la biología estuvo en un impasse: largos millones de años sin aparecer ningún modelo nuevo, los mares poblados por criaturas blanditas y acolchadas similares a corales o medusas, pero cuya afinidad real con cualquier forma viva actual desconocemos. Después de este período -el último del Precámbrico, llamado Ediacárico– vino la explosión Cámbrica: hasta cincuenta phyla animales surgieron, se diversificaron y poblaron los mares en menos de sesenta millones de años. Es posible que esta “explosión” se deba más a que los animales empezaron a desarrollar cáscaras y por ello a conservarse en el registro fósil. Hacia el final de esta época, un enfriamiento global y la reducción del oxígeno disuelto en los mares provocó una extinción masiva, que conduciría al siguiente período: el Ordovícico. Que tuvo también su explosión de vida, como corresponde a una época en la que los organismos se vuelven a acomodar tras una crisis. Aparecieron algunas formas de vida más complejas, como los ortoconos (similares a calamares con concha), nautilus y caracoles, y los primeros arrecifes de coral. Los trilobites empezaron a fabricar espinas y protecciones, lo que indica que se defendían de algo. Y los escorpiones marinos.

PentecopterusLos euriptéridos o gigantostráceos realmente tenían poco de escorpiones: eran artrópodos acuáticos cuya parte trasera se estrechaba en forma de aguja, recordando de alguna manera a la cola de un escorpión, pero realmente servía para nadar. Una serie de apéndices variados les servían para arrastrarse, navegar y aferrar cosas, y muy probablemente fueron de los primeros seres vivos en aventurarse en la superficie, junto con caracolillos y trilobites. Recordemos que en el Ordovícico no teníamos una atmósfera con bastante oxígeno, y la Tierra era un entorno árido y letal fuera del agua.

Conocidos desde mediados del Ordovícico, hay más de 300 especies catalogadas en el registro fósil, la más grande (Jaekelopterus rhenaniaecon 2,5 metros y unos 180 kg. de peso. Estos bicharracos dominaron los mares hasta la época de los dinosaurios, y condicionaron probablemente la evolución de muchos vertebrados y sus ganas de salir a tierra firme, para librarse de ellos.

La nueva especie -descubierta en los esquistos arenosos del fondo de un cráter meteorítico en Iowa (USA)- se denomina Pentecopterus decorahensis y es un megalográptido* de metro ochenta acorazado y dotado de garras prensiles, muy bien conservadas debido a que el cadáver se depositó en el fondo del cráter a una profundidad en que la falta de oxígeno lo conservó libre de actividad microbiana o de carroñeros. Lo normal es encontrar fósiles de mudas o piezas sueltas, pero aquí se pueden apreciar detalles estructurales como los pelitos de las patas. Este nuevo descubrimiento, que retrae la aparición de euriptéridos de tamaño considerable diez millones de años, nos está diciendo que la fauna de la época estaba bastante bien desarrollada como para tolerar semejante depredador.

Por cierto, ¿con qué estaban emparentados los euriptéridos? Como quelicerados que eran, muy probablemente con los xifosuros (que aún viven, llamados cacerolas de las Molucas) y con… los escorpiones. Pero no eran escorpiones. A una cosa de cien kilos armada de pinchos no le hacen falta aguijones venenosos, probablemente.

The oldest described eurypterid: a giant Middle Ordovician (Darriwilian) megalograptid from the Winneshiek Lagerstätte of Iowa, en BMC Evolutionary Biology

Visto en SINC

  • hay que ver cómo resuenan estos nombres: megalográptido, gigantostráceo… Pentecopterus hace referencia a un tipo de nave de combate griega, el pentecóntera, que tenía un perfil similar.
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