Hace tiempo que deseaba que pasara algo como lo que cuenta esta noticia para probar un poco a la Humanidad. Me explicaré.

Resulta que han encontrado en Kenya, en una zona al oeste del lago Turkana (también cerca de la conflictiva frontera con Uganda y Sudán) un conjunto de cinco acuíferos nuevos. Eso está bien, ya que la zona en cuestión es bastante árida; ya tienen problemas para mantener un campamento de refugiados con 120.000 personas.

Pero el volumen estimado de estas reservas subterráneas de agua es de doscientos cincuenta billones de litros de agua dulce. Con una extracción sostenible que permitiera renovar los acuíferos con agua de lluvia, la fuente podría proveer 3,5 billones de litros/año, suficiente para abastecer una población de 40 millones de personas.

La prospección, llevada a cabo por una empresa (Radar Technologies International) por orden del gobierno de Kenya, requiere ahora un análisis del agua para ver qué tratamientos requeriría para su potabilización; podría contener mucho flúor, por ejemplo.

Ahora bien, este es el tipo de noticia propia de un argumento de ciencia ficción clásica: un hecho insólito que sirve de catalizador para analizar las reacciones humanas. En los relatos clásicos, a veces de pocas páginas, estos hechos no siempre eran el Primer Contacto con los extraterrestres o el viaje estelar. ¿Qué pasaría si entrara al Vaticano un Papa liberal? ¿O que una actriz famosa por sus pechos estupendos tuviera una diagnosis de cáncer de mama? ¿O si en una de las zonas más conflictivas de la Tierra se descubriera un tesoro que sólo tiene valor para sus habitantes? Esta agua no es uranio, coltán o petróleo; ninguna potencia extranjera va a ir a robarla. Sin embargo está casi en la frontera de tres países, en una región que (a pesar de la idea que podamos tener de África Central como un vergel lleno de cataratas y ríos)  la necesita desesperadamente para vivir en condiciones. Agua y cultivos controlados podrían pacificar el polvorín que es esa región para siempre, o hacerlo estallar una vez más. ¿Qué pasará? Esta vez parece que está en manos de los propios africanos.

Visto en New Scientist.

La foto (el Skeptical African Boy Meme) es brutal cuando lo piensas: ¿Me estás diciendo que tenéis tanta agua limpia que os cagáis en ella? Cuando ves cavar horas para sacar una palangana de agua barrosa, o lavar la ropa en un arroyo que tiene menos agua que la que pierde una manguera de riego municipal, te das cuenta que no es ninguna broma.