El mecanismo de Antikythera tal como se expone en AtenasEn octubre de 1900 un recolector de esponjas griego realizó un hallazgo inesperado bajo el mar en Antikythera, una isla al norte de Creta: un naufragio romano del 87 a.C. que contenía cientos de piezas griegas del siglo III a.C. Posteriores expediciones rescatarían de estas aguas frías a una profundidad entre 35 y 60 metros ánforas, jarras, monedas y esculturas; el último descenso durante el siglo XX lo realizó el equipo de Jacques Costeau en 1976, pero a esa profundidad los aqualungs no podían permanecer más de unos minutos sin correr peligro. Muchos años más tarde, en 2012, un equipo de la Agencia Griega para la Arqueología Submarina asistido por Brendan Foley –arqueólogo marino del Instituto Oceanográfico de Woods Hole, USA- observaron que el naufragio, casi seguramente un cargamento de botín de guerra destinado a Roma, debía ser de al menos dos naves, con restos hasta los 120 metros de profundidad.

Una de las primeras expediciones en 1901 recuperó un trozo de bronce corroído del cual asomaban unas ruedas dentadas y que quedó al margen de los estudios ya que se consideraba un anacronismo. En los años ’70 se efectuaron radiografías de los 82 fragmentos de que consta el objeto, descubriendo un mecanismo complejo con al menos 30 engranajes y escalas, incluyendo diferenciales (mecanismos que permiten cambiar la velocidad de giro). El mecanismo de Antikythera se volvió célebre de repente: era el OPArt por excelencia, un objeto irrefutablemente auténtico que no debía estar ahí. La tecnología utilizada no se (re)descubriría hasta el siglo XVI y sabemos que los griegos del 300 a.C. no tenían máquinas tan complejas, así que todo el asunto se trataba irregularmente: de tapadillo en los círculos académicos, y poniéndolo como una muestra del viaje en el tiempo o contactos extraterrestres por parte de los Von Däniken de turno. Hasta hace no mucho, con reconstrucciones primorosas e hipótesis bien planteadas, no se dijo abiertamente lo que posiblemente fuera: una calculadora astronómica extraordinariamente elaborada capaz de predecir eventos celestes y el movimiento de los astros conocidos (el Sol, la Luna y los cinco planetas). Por algunas referencias, es posible que esta máquina estuviera basada en conceptos o incluso construida por el propio Arquímedes.

El ExoSuit desarrollado por Nuytco ResearchLa cuestión es que un mecanismo tan sofisticado no puede aparecer aislado por muy genial que fuera Arquímedes, así que debió haber una tradición de “artesanía tecnológica” oculta antes y después. Citas posteriores romanas, bizantinas y árabes mencionan repetidas veces estos mecanismos ingeniosos basados en textos griegos ocultos en monasterios: es posible que esta tradición, perpetuada en el mundo árabe y recuperada por Occidente después de las Cruzadas, diera origen de hecho a la relojería moderna.

Así que la próxima expedición submarina planea utilizar algo mejor que un traje de buzo: el ExoSuit, una armadura de aluminio capaz de soportar las altas presiones manteniendo el interior -y el cuerpo del buzo- a la presión estándar de superficie. Esto evitará los largos períodos de descompresión que conlleva trabajar a esas profundidades; además, el ExoSuit -prácticamente un batiscafo con forma humana- dispone de impulsores para moverse y una autonomía de cinco horas de trabajo, con lo cual el equipo de inmersión podrá trabajar con mucho más detalle en los restos. Por supuesto incluye cámaras, focos, una conexión de gigabit Ethernet con la superficie a través del cable de conexión y varios sistemas de monitorización. La exploración detallada del naufragio podría tal vez aportarnos más información sobre la calculadora de Antikythera o, quién sabe, tal vez algún otro dispositivo del mismo ignoto autor.

Visto en phys.org.