Suelo escuchar programas radiales de “misterios” que en conjunto son entretenidos y están muy bien, pero en ocasiones ocurre lo siguiente: los contertulios despliegan un tema que ya está más que descartado -algún caso OVNI, o mansión embrujada, u OOPArt cuya falsedad ha sido demostrada sin lugar a dudas- y lo tratan como si aún fuera un misterio. En otras ocasiones es una noticia reciente contada a medias, de la cual sólo se dice la parte espectacular -“Científicos descubren la manera de volar sólo con la fuerza de la voluntad!“- silenciando la parte realista -“durante 0,03 picosegundos en una cámara hiperbárica a 120ºC y comiendo peyote“-: cuando conoces las dos partes, se queda una profunda sensación de… mmm… aburrimiento? vergüenza? no sé. Así que he pensado en un experimento. Aquí va una noticia fresca de ese estilo, con sus luces y sombras. A ver qué os pasa cuando suene por la radio o la tele que “un científico ruso ha descubierto evidencias de vida en la superficie de Venus“.

El misterio

Leonid Vasiliévich Ksanfomaliti, astrónomo veterano del Instituto de Investigación Espacial Ruso (rama de la Academia de Ciencias rusa, donde es jefe del Departamento de Fotometría y Radiometría Térmica) publicó un informe describiendo el hallazgo de objetos móviles de aspecto orgánico  en fotografías de archivo tomadas por las misiones soviéticas Venera en los años ’80.

El planeta Venus era uno de los primeros objetivos en la búsqueda de vida extraterrestre a principios del siglo XX. Estaba lo bastante cerca del Sol como para mantener una temperatura aceptable. Tenía una cubierta nubosa (que es precisamente lo que lo hace tan brillante en el cielo) que ocultaba la superficie, pero la idea era: nubes=agua=vida. Se imaginaba un mundo de lujuriantes selvas y pantanos, tal vez no muy diferente de la Tierra durante el período Carbonífero, con grandes criaturas dinosauroides y amazonas semidesnudas.
Bueno, lo de las amazonas semidesnudas es un añadido mío pero por imaginar que no quede.

Irónicamente, las misiones americanas y rusas -primitivas sondas de exploración enviadas desde los años ’60 (lista completa aquí, básicamente la serie Venera soviética y Mariner americana) nos mostraron un mundo totalmente incompatible con la vida terrestre: las nubes blancas no son de agua sino de ácido sulfúrico. El efecto invernadero eleva la temperatura de superficie a 480ºC, la más alta del Sistema Solar. Toda su topografía parece estar marcada por una intensa actividad volcánica. De más está decir que las sondas no duraron mucho y la información es fragmentaria.

Parte de esa información consiste en imágenes de la superficie recogidas por la Venera 13 y 14, fotografías secuenciales para montar panoramas, de este estilo:

En Marte se hace igual: la cámara echa una foto, gira un poco y echa otra, y así. Entre toma y toma hay un lapso, y a Ksanfomatili se le ocurrió que sería una buena idea revisar las imágenes solapadas para comprobar cambios, que indicarían actividad en el suelo. También hacía falta analizar con cuidado los cambios para descartar cualquier proceso abiótico (por ejemplo, polvo movido por el viento o cambios en las sombras provocados por el paso de nubes). Al revisar estas superposiciones y mejorar la imagen con tecnología digital actual descubrió una serie de objetos desplazándose, que denominó “disco” “colgajo negro” y “escorpión” (obviamente son denominaciones provisionales, no se trata de escorpiones).

El científico presenta estas imágenes con la idea de que hay que abrir un poco la mente a nuevas posibilidades para la vida orgánica en otros mundos. ¡Con lo cual estoy plenamente de acuerdo!

El cubo de agua fría

Las fotos de la misión de 1981 necesitaban reprocesado, desde luego: son imágenes de 8 bits de barrido de 128 píxeles más 11 destinados a la calibración del scanner. Después del barrido el scanner vuelve a hacer el mismo proceso hacia atrás generando un segundo panorama que sale en negativo y boca abajo (como puede verse en la foto de arriba). Parte del retoque consistía en rellenar los huecos del barrido con imagen del segundo barrido o información de la misma zona proveniente de otra foto. El científico comenta que el uso de ajustes de Photoshop para añadir, mejorar o cambiar la información de las imágenes estaba rigurosamente descartado; sin embargo un análisis comentado en The Planetary Society revela el uso de los filtros de Enfoque y Desenfocar del ¡Microsoft Paint!

Ahora bien, el uso de filtros de enfoque -sean de Paint o de Photoshop- en fotografías llenas de ruido y con la baja resolución que tienen las de la Venera, provoca todo tipo de “artefactos” en la imagen:

La verdad es que se hace difícil ver incluso qué es lo que señala, pero los objetos tienen píxeles de tamaño. A estas resoluciones de trabajo y después de tanto post-proceso, es poco serio ponerse a buscar formas significativas y más aún asignarle origen biológico.

El sorprendente informe ha sido descartado en la mayoría de lugares serios dedicados a la astronomía, y no, no tiene pinta de ser una conspiración para ocultarnos información. En defensa de Ksanfomaliti, hay que decir que la mayor parte de los sitios confunden el “disco” de la foto de arriba con la tapa del objetivo que está en el suelo,ridiculizando al profesor. Viendo la foto de abajo -que por cierto es una imagen preciosa de un mundo que jamás podremos pisar a pecho descubierto, resulta hipnótica- queda claro que no es el disco que se detalla en el análisis de encima. Lo curioso es que este señor, con 80 años recién cumplidos y muchos años de trabajo, salga ahora con estas cosas.

Noticia en Ria Novosti.
Más información sobre las imágenes de Venus en mentallandscape.
Visto en io9.

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