Deinocheirus mirificus. ilustración © Michael Skrepnick / NatGeo Deinocheirus mirificus, un misterioso fósil del Cretácico de Mongolia cuyos únicos restos eran un par de zarpas gigantescas, ya tiene cara y cuerpo…y es muy rarito.

En mayo de este año se anunciaba (en este blog sin ir más lejos) que gracias a la recuperación de los restos robados de la excavación original -una movida con tintes policiales- y algunos nuevos fósiles, se podría reconstruir el holotipo de Deinocheirus, aunque ya se avanzaba que tenía un aspecto algo estrafalario. Pues estos análisis han concluido y la reconstrucción final no se parece a lo que todos deseábamos, es decir, un velociraptor del tamaño de un Tyrannosaurus (en proporción a las manos armadas de potentes garras del fósil original).

No, realmente La Garra Terrible era un ornitomímido, emparentado con los Gallimimus que salen en estampida en Jurassic Park. Pero la cabeza se parece más a la de un dinosaurio de pico de pato cruzado con iguanodonte; tenía una cresta dorsal carnosa parecida a la de Spinosaurus y unas piernecitas ridículas acabadas en patas acolchadas.

Esqueletos parciales de Deinocheirus. © Nature

 

Es posible que el animal, de andares torpes, se moviera entre pantanos y riachuelos (de ahí los dedos ensanchados de las patas) y su tamaño y potentes garras sirvieran para defenderse de los depredadores. De todas maneras, poco queda del monstruo perfecto que todos soñábamos en esta criatura de aspecto algo ridículo al que las reconstrucciones -que le ponen mechones de plumas en la cabeza y la cola- no favorecen mucho. Aunque la ridiculez es relativa; un pavo de la altura una casa de dos plantas y con unas uñas capaces de pinzar tu cabeza como si fuera una uva merece también un respeto.

Artículo en Nature.