Gran revuelo ha tenido en los círculos científicos y de divulgación la noticia del hallazgo, la semana pasada, de un exoplaneta viable: Gliese 581g, un mundo rocoso que orbita esta estrella (también conocida por el nombre más chulo de Wolf 562), una enana roja de tipo espectral M2,5V situada a 20,5 años luz de nuestro sistema. El planeta fue detectado por un equipo de astrónomos en el programa de búsqueda de exoplanetas de Lick-Carnegie, dirigido por el investigador Steven Vogt, profesor de astronomía y astrofísica en la Universidad de California en Santa Cruz. Las imágenes de un planeta azul, cubierto de agua líquida, y los paisajes encarnados que la estrella roja revela sobre este mundo inmediatamente llamaron la atención de todo el mundo; era el primer planeta capaz de albergar vida [como la conocemos] y no estaba demasiado lejos. Zarmina, como fue bautizado en honor de la esposa de Vogt, tiene un diámetro tres veces el de la Tierra, una gravedad 1.1 /1.7 veces la nuestra (con lo cual puede retener una atmósfera) y una de sus caras se expone continuamente al sol mientras la otra se hiela. En la banda del terminátor, allí donde está el crepúsculo, es donde florecería la vida.

Unos días más tarde Ragbir Bhathal, un astrónomo que trabaja en la rama australiana del SETI, anunció que dos años atrás había detectado un pulso láser procedente del área celeste donde se supone que está Zarmina. Más clamor. Los extraterrestres han contactado. ¡Un rayo láser! Inmediatamente se profundiza en el tema, surgen dudas y desmentidos. El propio Frank Drake, creador de la famosa ecuación estimativa de la cantidad de civilizaciones viables en el Universo, cuestiona la veracidad de los datos de Bhatal…

En realidad no sería raro recibir un láser extraterrestre, pero uno natural, que ya sabemos que existen. La cuestión de 581g es otro cantar: ¿Cómo se sabe tanto sobre su geodinámica, densidad, volumen, espectrografía y cálculo orbital? ¿Tan bueno es el Hubble? Pues no, son todo especulaciones. Gliese 581 presenta distorsiones en su órbita y a partir de ellas se ha inferido la presencia de seis planetas a los cuales mediante complejos cálculos se les ha asignado una masa, un volumen (y por tanto una densidad). Sobre esas densidades se especula su composición gaseosa o rocosa. La posición cercana a la estrella hace inferir también que, por acoplamiento de marea, Zarmina no gira sobre su eje (como pasa con Mercurio). La exposición continua provocaría corrientes atmosféricas de aire y vapor caliente hacia la zona fría y viceversa. A esas temperaturas la atmósfera sería de agua, dióxido de carbono y oxígeno.

Podemos seguir, pero estamos partiendo de unos datos mínimos: la distorsión orbital de la estrella. No hay ninguna foto de un puntito luminoso (o la sombra al pasar delante de la estrella); de hecho, muy pocos de los exoplanetas conocidos tienen foto, una docena a lo sumo. Están demasiado lejos. Todos los datos se obtienen por corrimiento Doppler, astrometría, efectos de lente gravitacional, etc. que son distintas formas de notar el temblequeo de la estrella.

Bueno, pues esta semana el equipo del HARPS (High Accuracy Radial velocity Planet Searcher) en Chile ha publicado una nota en la cual -basándose en sus propias observaciones- plantean la posibilidad de que el planeta no exista, y lo mismo dice un equipo suizo del observatorio de Ginebra. Las estadísticas del equipo de Vogt podrían estar lejos de ser tan exactas como “2.7 posibilidades por millón de que sea un error” como se comentó. We cannot confirm it [Gliese 581g] in our HARPS data”.

Así que, niños y niñas, en la ciencia como en la fe: hay que meter el dedo en la llaga. Ah, por cierto: la imagen es una foto auténtica de la estrella Gliese 581. La verdad es aburrida.

Visto en io9, Microsiervos, y otros.
Referencia a Zarmina en la Wikipedia.

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