La serie de películas que empezó con Raiders of the Lost Ark y llegó a hacer cuatro largometrajes, varios videojuegos, una carísima serie de TV, comics y demás, es bien conocida por los amantes del cine de aventuras. Rebosante de exageración y referencias externas, no se puede tomar en serio como otros filmes basados en historias reales, bien documentados y más formales.

¿O no? ¿Podemos fiarnos de Enemigo a las Puertas, con algún personaje que lleva gafas con tratamiento antirreflectante? ¿O Una Mente Maravillosa, con un primer plano de un chupete anatómico treinta años antes de que salieran al mercado? A veces el truco está en los pequeños detalles. Por una vez, voy a caer en esa moda lamentable de los clickbaits en plan “10 cosas que…” y veremos algunas cositas que Lucas, Spielberg y compañía colocaron y son menos tontas de lo que parecen.


La localización del Arca

En la primera película, los nazis descubren la localización de la ciudad egipcia de Tanis para excavar en busca del Pozo de Almas, donde se supone que los egipcios almacenaron el Arca antes de que la ciudad fuera arrasada por el poder divino. El caso es que Tanis ya estaba descubierta para esas fechas; Auguste Mariette la excavó a mediados del siglo XIX. La ciudad -cuyo nombre egipcio era Dyanet, “Tanis” es griego- fue la capital de Egipto durante las dinastías XXI y XXIII.

Los restos de la verdadera Tanis, hoy.
Los restos de la verdadera Tanis, hoy San el-Haggar.

Precisamente un faraón de la dinastía XXII, Shoshenq I, está claramente identificado como el Shishak de la Biblia que asaltó Jerusalén y saqueó el Templo de Salomón. Es plausible pensar que los tesoros serían trasladados a la capital, Tanis, y que el Arca se encuentra allí. Curiosamente esta teoría nunca aparece en los listados de posibles localizaciones, como la de Aksum, Etiopía (basado en una leyenda de Salomón y la Reina de Saba) bajo el propio Templo de Salomón (ahora es imposible excavar ahí), una cueva en el monte Nebo (nuevamente, una leyenda sobre el profeta Jeremías) y otros sitios basados en especulaciones aún más débiles.


El remate del Báculo de Ra

Imam leyendo el remate del Báculo de Ra.

El dispositivo “codificador” para encontrar la localización del Pozo de Almas es una especie de medallón con un cristal, que colocado en un bastón en un punto preciso de una maqueta de la ciudad mostrará el punto geográfico mediante un juego de espejos. La letra pequeña, por lo que los nazis no pueden encontrarlo, es que las indicaciones para el bastón están en una cara del medallón y también en la otra, una pequeña resta de un kadam para honrar al Dios de los hebreos.

Detalle del medallón (se puede ampliar)
Detalle de las dos caras del medallón (se puede ampliar)

Un kadam es una medida egipcia antigua que equivale a unos 30 centímetros. El medallón en sí está inspirado en una pieza de joyería de la tumba de Tutankhamón, pero la factura es tosca y visto con detalle, parece un pato. Encima, hay un esbozo de una menorah o candelabro de siete brazos hebreo. Se supone que la pieza fue hecha por un hebreo, y esto es creíble teniendo en cuenta que su inspiración artística se basaba en la refinada civilización egipcia que eran vecinos suyos. Pero ¿veis? hay unas letras.

En el dorso se ven una serie de caracteres que parecen fenicios, pero corresponden al protocananeo, una lengua antecesora del hebreo. Leamos: pone qmtw · ttʾmh (lo elevarás seis cubits) y detrás: kbd yhwh whmškp · wʾmh ʾḥt mʿl qdš (pero quitarás un cubit de encima para santificar y glorificar a YHWH, cuya Arca es). Prácticamente la misma traducción que hace Imam en la película.
Pero hay más. en el medallón pone cubit, que es también una medida egipcia antigua pero son unos 45 cm. Cinco cubit serían 2,25 metros. Cinco kadam, 1,5 metros. Harrison Ford mide 1,82 y el palo que usa es bastante más alto: es como si Indiana se hubiera apercibido del fallo del traductor y luego, discretamente, corrigiera la longitud. Todo esto me parece de un detallismo excesivo para una película de aventuras.


Las cenizas de Nurhaci

La urna de Nurhaci
La urna de Nurhaci

En Indiana Jones and the Temple of Doom, Indy se reúne con un gángster chino, Lao Che, para intercambiar un recipiente de jade labrado a cambio de un enorme diamante. El recipiente contiene las cenizas de Nurhaci, primer emperador de la dinastía manchú. Dejemos de lado el tema del diamante (el “Ojo del Pavo Real”, que perteneció a Alejandro Magno; es una larga historia) o que un chino denomine a la dinastía Qing como “manchú”. Veamos.

Retrato de Nurhaci
Nurhaci

Nurhaci fue, efectivamente, el fundador de la dinastía Qing en el siglo XVII. De origen mongol, fue soldado para el Imperio Ming; pero en 1616 y tras numerosos avatares funda la dinastía que será la última del imperio chino, terminando en 1912. Herido por un cañón en la batalla de Ningyuan, muere a los 68 años. Sus restos reposan en la llamada Tumba Fu Ling, cerca de Shenyang. O eso dicen…


Las Sivalingam

El chamán indio con su Sivalingam

Llegando a un poblado hindú tras un accidentado viaje en balsa, el chamán informa a Indy que les han robado una piedra mágica: la Sivalinga, una especie de canto rodado con tres rayas horizontales que atrae la prosperidad. Según la leyenda, son las tres piedras entregadas por el propio Siva en el monte Kalisa a Sankara, un filósofo, para combatir el Mal.

El trozo de tela con la leyenda del monte Kalisa.

Sankara fue un filósofo y erudito hindú del siglo VIII, exponente de la escuela Advaita Vedanta, tal vez de las más influyentes en la actual religiosidad de la India. Cuenta la leyenda que a los 32 años dejó Kedaranath, en el Himalaya, subiendo al monte Kalisa donde tuvo un encuentro con el dios Siva. La historia de las piedras, sin embargo, no es correcta, aunque sí existen sivalingas por todas partes. Literalmente significan “el falo de Siva” y pueden ser varias cosas. Son cantos rodados recogidos en el río sagrado Narmada, de cuarzo jaspeado (si tienen las tres líneas, mejor). O fósiles de belemnites (un tipo de calamar). O cualquier piedra labrada en forma de cilindro o huevo, que se coloca en los templos sobre una especie de cubeta (Peedam) ya que la piedra generalmente es cubierta de leche, manteca y flores.

Un Sivalingam de templo.
Un Sivalingam de templo. El peedam, por cierto, representa la contrapartida femenina del lingam.

Una vez más, salvo alguna pequeña errata -la figura azul no es una representación de Siva, sino de Krishna– el texto sánscrito que aparece en el trozo de tela que el niño entrega a Indy se traduciría tal como se menciona en la peli: “Sigue los pasos de Shiva” y “No traiciones su Verdad”.


Los sesos de mono

Saboreando unos sesos de mono helado.
Al rico postre helado

En una de las escenas más payasas de la película, aparecen en un banquete del palacio de Pankot todo tipo de comidas “exóticas” en base a animales poco apetecibles; uno de ellos es una cabeza de mono helada, con una cucharita para comerse los sesos crudos. Toda la escena revela una realidad más siniestra: los habitantes del palacio viven en una versión perversa y opuesta a los preceptos del hinduismo, comiendo todo tipo de animales.

Helados Mico

El mono es una delicatessen en varias partes del mundo -prácticamente todas en las que hay monos- pero el comer cerebros de mono es habitual en Guinea, Vietnam y China. Es aún peor que en la película: en la región de Nantou (China) el procedimiento es colocar al mono en una mesa redonda con un agujero central por el que pasan la cabeza, como un cepo. Luego se le abre el cráneo con una sierra y se come el cerebro con cucharillas de plata estando el animal aún vivo. Esta costumbre -creo que se denominaba Ceremonia del Mono Luna- se remonta a los banquetes imperiales del período Qing; tal vez el propio Nurhaci probaba estas cosas. Pongo un enlace a la película setentera Faces of Death donde se representa esta escena: la gente creía que era un documental, pero en realidad usaron un martillo de espuma, una cabeza de utilería y un relleno de coliflor con mermelada de fresa que es lo que provocaba arcadas en los actores.


Alexandreta y la República de Hatay

La búsqueda del Grial lleva a los protagonistas de la Última Cruzada al templo situado al final del Cañón de la Media Luna, cercano a Alejandreta, en la República de Hatay. Allí los nazis ya han sobornado a un obeso gobernador para que colabore con su expedición.

La escena del gobernador con el Rolls Royce nazi.
¡Rolls Royce Phantom II! En el patio de la Escuela de Artes

Lo cierto es que la última película de la trilogía me provoca sentimientos encontrados. El caricaturesco planteamiento de una “república” ficticia y el uso de entornos demasiado famosos (el templo y el Cañón se reconocen a primera vista como la ciudad de Petra en Jordania) además de alguna casualidad (el patio del palacio del gobernador de Hatay es el de la Escuela de Artes donde estudié. Siempre recordaré aquella mañana en que un tipo bajito con aires de soberbia, rodeado de vigilantes -Steven Spielberg- se puso a buscar planos en el patio mientras estábamos en clase de Modelado) todo esto junto me impedía abstraerme y creerme la peli. Sin embargo… tanto Alejandreta como la República de Hatay existieron.

Sello de Hatay

Hatay fue un Estado soberano que existió en Oriente Próximo en esos turbulentos años posteriores a la Gran Guerra desde el 7 de septiembre de 1938. Las autoridades coloniales proclamaron el Estado de Hatay como república, debido a los altercados entre diferentes grupos étnicos. La república duró un año, bajo supervisión militar franco-turca. El nombre “Hatay” fue una propuesta de Atatürk​ y el gobierno estaba bajo control turco.


Los escorpiones grandes

En la cuarta película, Indy y Mutt se meten en una huaca peruana en la necrópolis de Chauchilla, cuando un enorme escorpión negro pica a este último. Indiana lo tranquiliza diciéndole que con los escorpiones, cuanto más grandes, más inofensivos son.

En la tumba de Orellana.

La denostada Cuarta Peli, también llamada La Que No Existe o El Reino de la Calavera de Cristal, es una película extraña. Crepuscular, irónica, hecha con más medios que nunca y con ganas (porque ya hay que tener ganas de hacer eso) está llena de autorreferencias y veladas perlas de auténtica documentación mezclada con las típicas exageraciones salvajes de la saga.

Porque lo de protegerse de una explosión atómica metido en un refrigerador (forrado de plomo, eso sí) es absurdo, pero no menos que tirarse de un avión en una balsa hinchable o que te arrastren cinco minutos con un camión por una carretera pedregosa y quede algo de ti. Sin embargo, lo de los escorpiones es bastante correcto; el escorpión de cola gorda, el brasileño amarillo, el de Arizona, el dorado, son todas especies pequeñas (4-10 cm.) mientras que en las películas siempre usan especies grandes de artrópodos porque son más vistosas.

Pandinus imperator

La especie más habitual es Pandinus imperator, un escorpión negro africano que puede superar los veinte centímetros y se vende como mascota. Al igual que las tarántulas que suelen aparecer, son seres apacibles que se dejan manipular bastante bien, aunque tengan veneno. Por no hablar de las cucarachas silbadoras gigantes de Madagascar (Gromphadorhina portentosa) que se usan mucho para hacer bulto, porque no pican ni muerden ni nada.

He de decir que a mí me han picado escorpiones pequeños (el Buthus norteafricano) y los prefiero a las abejas o las odiosas escolopendras, que te hacen sangre y duele durante días enteros.


Las arenas movedizas

Marion e Indy acaban de escapar de las garras de los soviéticos cuando empiezan a hundirse en el suelo lentamente. Jones explica que no se trata de arenas movedizas, que son inofensivas, sino de un pozo de arena seca.

En las arenas movedizas

Esto es verídico, aunque no se descubrió hasta hace muy poco y es difícil que se encontraran eso en la jungla centroamericana. Las arenas movedizas clásicas son una mezcla de agua y sedimentos en suspensión (barro, arcilla o arena fina) que se comportan como un fluido no newtoniano, es decir, que cuanto más fuerza haces, más te hundes. Su punto débil, lo que las hace relativamente inofensivas, es su densidad que es superior a la del cuerpo humano. Si te quedas quieto, siempre flotarás. (lo que no quita que puedan ser una trampa mortal si te quedas anclado al suelo en pesada arena silícea, o barros pegajosos como alquitrán… pero esas son otras historias).

Pero desde el estudio del profesor Detlef Lohse (publicado en 2004) muchas narraciones que se atribuían al folklore, como la desaparición de Dahoum, el amigo de Lawrence de Arabia, o vehículos, tropas y caravanas enteras desvanecidas en instantes en el desierto sin dejar rastro, se están tomando mucho más en serio.

La arena seca es simple arena silícea del desierto removida por el viento y depositada con una gran cantidad de aire entre los granos. Esta arena no tiene la densidad del cuarzo o la del agua, sino casi la del aire. Un objeto colocado sobre esta materia -indistinguible de la arena reposada común- se hundirá rápidamente sin dejar rastro, y debido al peso de los granos apelmazados que le caen encima, no podrá salir. La arena pesa mucho, y 60 cm. de arena equivalen a cien kilos apoyados encima de uno.
Hay otro peligro más conocido en el desierto, el mismo fenómeno a escala menor: el fech fech es un polvillo fino cargado de aire que forma por encima una corteza rígida al absorber humedad. Cuando un camión pasa por encima, se hunde y es muy difícil sacarlo. El fech fech ocurre en todo el mundo, pero hay regiones (como la Depresión Qattara en Egipto) que son casi intransitables para vehículos debido a esto.


Los Aliens interdimensionales

En el templo de Akator

La Calavera de Cristal que da nombre al film resulta ser parte de un organismo alienígena, pero no extraterrestre sino interdimensional, cuyos planes y objetivos son tan inescrutables para nosotros como lo que pasaba por la cabeza de los productores al hacer la película.

Los extraterrestres de Close Encounters.
Nazis! los odio.

Ojo, no estoy diciendo que los extraterrestres existan, pero la idea estaba hace mucho tiempo en la cabeza de Steven Spielberg. Cuando hizo la muy bien documentada Close Encounters of the Third Kind, ya tenía la idea de los incomprensibles seres transdimensionales: idea que venía de las interpretaciones de ufólogos como Jacques Vallée, Josef Allen Hynek y John Keel. Al final tuvo que poner unos muñequitos grises para que la gente no se sintiera frustrada, pero la idea era más exótica. Qué vamos a decir de George Lucas, al que también le van estos temas. Curiosamente, Spielberg le carga las culpas del guión a Lucas aunque le hizo caso “porque es mi amigo y lo respeto”.

La calavera de cristal del British Museum

En la película, las calaveras de cristal (muy diferentes de las cuatro piezas artísticas antiguas que conocemos, de tamaño natural, que son falsificaciones del siglo XIX) son parte de estos seres. El resto reposa en la ciudad de Akator, que es un indisimulado cambio a la mítica ciudad perdida de Akakor en la Amazonia.

El libro de Brugger que relata Las Crónicas de Akakor

Akakor es una ciudad semi-subterránea, que comunica mediante túneles con otros centros similares en América y el mundo, construidos por unos visitantes extraterrestres de avanzada tecnología que otorgaron a los humanos el conocimiento de técnicas de siembra, escritura, etc. en épocas ancestrales. La ciudad abandonada es custodiada por una tribu extremadamente fiera, los Ugha-Mongulala, que se cuidan de que nadie entre -o salga- del lugar. Podéis leer un artículo detallado en el blog. Obviamente, era todo un fake, pero la historia estaba bien.

*en realidad son nueve cosas. Pero quedaba mejor poner 10; más clickbaiter.