Hace poco escuchando un programa de radio emitieron la famosa carta que un jefe indio envió al presidente de los EEUU, con tonos ecologistas muy marcados; la carta además era leída por Constantino Romero, que siempre la da carisma a todo. Un jefe indio con la voz de Terminator y Darth Vader impone.


Esta carta circula por ahí en muchas versiones; se pueden ver extractos en Facebook y páginas de chamanismo, new-age y ecología; pero siempre son resúmenes, y yo quería ver la versión completa. No me imaginaba a un nativo americano de esa época con semejante vocabulario y control de la sintaxis inglesa; posiblemente la carta fuera dictada o adaptada. Este es el resultado.

El Jefe Seattle

Jefe Siahth en 1864Si-ahth era líder de las tribus Suquamish y Duwamish de la zona de Puget Sound (Washington, el estado más al NW de EEUU). Su madre era duwamish y su padre, el jefe Shweabe de los suquamish. Desde joven había ganado gran reputación como guerrero; esto unido a su altura física y su potente voz le convirtieron en un orador estupendo. Nacido hacia 1786, fue testigo del avance imparable de los blancos en el continente norteamericano. En 1848 se bautizó por la iglesia católica, influido por unos misioneros franceses.

El Pacto

Después de ver cómo la viruela devastaba a su gente y la proliferación de los asentamientos de colonos en lo que eran sus tierras, Si-athth decidió pactar con los blancos entregando parte de su territorio -que de todas maneras le estaban quitando- a cambio de protección, subvenciones, derechos de caza y pesca y una reserva. En 1855 se firmó el Tratado de Point Elliot, por el cual el jefe Seattle es alabado y vilipendiado a partes iguales: unos lo ven como un traidor que se vendió a los blancos, y otros como un estratega que tomó el camino menos dañino posible. Pero otros muchos participaron en el tratado, incluyendo por ejemplo al jefe de los Snohomish Patkanim, que no mucho antes había planeado exterminar a todos los blancos para evitar que siguieran viniendo.

Jefe PatnakimHay que decir que aparte de los colonos, las tribus vecinas no siempre eran amistosas: hacia 1850 los snohomish le estaban comiendo el terreno a la gente de Si-ahth, y lo único que los frenaba un poco era precisamente que había colonos en medio; un ataque colateral a éstos hubiera representado la guerra definitiva con los blancos, y esto lo sabían ambos jefes. Está claro que Si-ahth, metido en la cultura y modos de los blancos, veía que un acuerdo con la parte más fuerte era la única opción.

Si-ahth murió tranquilamente a los ochenta años en la reserva de Port Madison, frente a la ciudad de Duwamps (que fue renombrada como Seattle en su honor en 1853).

El Discurso

La primera versión de “la carta” apareció en el Seattle Sunday Star el 29 de octubre de 1887, en una columna escrita por el Dr. Henry A. Smith. Smith deja claro que no es una versión exacta, ya que es la compilación de notas tomadas durante un discurso del jefe Seattle de 1854 (un año antes de Point Elliot). Entre otras cosas, Seattle -que nunca aprendió a hablar inglés- dio su discurso en lushootseed, la lengua nativa. Se dice que alguien lo tradujo al chinook, y que Smith adaptó como pudo la alocución de media hora al texto que conocemos (ver enlace abajo). Se supone que Smith, escritor bastante bueno, dejó constancia de los fundamentos del discurso añadiendo muchos términos que serían imposibles de expresar en chinook o lushootseed.

Esta versión contiene todos los elementos agridulces de “la carta”: se vienen días chungos para los nuestros, los blancos son poderosos, no nos queda otra… pero falta toda la parte ecológica.

La segunda versión es de finales de 1960 y la escribió el poeta William Arrowsmith, actualizando un poco el florido lenguaje victoriano de Smith; en contenido, es muy similar.

La tercera versión, de 1972, la escribió el profesor Ted Perry como parte del guión para una película sobre ecología, Home. Perry se tomó una pequeña licencia literaria, cambiando aún más el texto y convirtiéndolo en una carta al presidente Franklin Pierce, carta que nunca existió. Aquí aparece toda la carga ecológica y algunas líneas incorporadas por el productor, John Stevens -de religión baptista- para hacerlo más compatible con sus conceptos, como lo de “soy un salvaje y no entiendo…” (aunque para esas fechas Si-ahth llevaba siete años bautizado como católico). La parte de “he visto miles de bisontes pudriéndose en la pradera, disparados por los blancos desde el tren” por ejemplo, es esclarecedora, porque en Puget Bay no hay bisontes ni hubo trenes hasta mucho tiempo después.

Hay una cuarta versión, un resumen del guión de Perry/Stevens, pero es la tercera la que más ronda los recovecos de Internet. El caso es que esto llegó a provocar una búsqueda de la citada carta en los Archivos Nacionales y la Biblioteca del Congreso, donde obviamente no encontraron nada.

Así que aunque la lectura de Constantino es bonita y hasta emociona, es todo una mentira bastante elaborada. Pero, ¿y todo lo que hemos aprendido sobre este líder y estratega del siglo XIX? Por cierto, los suquamish sobrevivieron a pesar de varias trastadas gubernamentales posteriores a Si-ahth y actualmente la tribu consta de un millar de miembros dentro y fuera de la reserva.

Web de la tribu Suquamish

El texto (inglés) de la versión de Smith, probablemente lo más parecido al original