Jim Dewey WatsonAunque es norma de este blog no repetir lo que está en boca de todos, la anécdota de Sir James Watson -el eminente biólogo codescubridor de la hélice del ADN– diciendo que la inteligencia de los negros es inferior, es demasiado buena para no anotarla. ¿Por qué tanto revuelo? En mi opinión es la incapacidad del mundo científico de ser objetivo. Tanto Jimbo, con sus apreciaciones claramente retrógradas y parciales, como el resto de hipócritas que se rasgan las vestiduras ante las declaraciones del anciano.

Lo más triste es el giro actual de los sucesos, en los que los colegios y universidades están cancelando citas y proyectos con Watson para evitar mancharse de cara al público. La libertad de expresión, por lo visto, no puede rozar los límites de lo políticamente correcto -o te quedarás sin pensión y trabajo, por muchos laureles que tuvieras antes.

El fallo de Watson es bastante común: usar su conocimiento para reforzar una opinión subjetiva, en lugar de intentar ver la verdad que hay -o no- en ella. La inteligencia no es una cualidad fácilmente mensurable; y al igual que la “capacidad física” (que incluye montones de variables de desarrollo muscular, coordinación, flexibilidad, etc.) es más determinable por el entorno y el desarrollo individual que por la base genética. Pero en estos tiempos también vivimos de la politesse: se supone que todos somos iguales hasta las últimas consecuencias, y esto no es así. Los negros son diferentes de los blancos: son más oscuros. Y las mujeres, eh… también. Por no hablar de las complejidades de las mezclas raciales o la transexualidad: somos todos diferentes y ahí está la gracia.

Lo que no está bien es meterse de esa manera con el viejo. Reprobar sus comentarios, sí; pero ponerse a su lado para comparar al estilo payasos Micolor y proclamar: “mirad qué pura es mi alma al lado de la de este racista” mientras se le dan coscorrones al anciano… es hipócrita y feo.