En este siglo XXI de fotografías falsas e Internet, donde cualquiera puede publicar las estupideces que le vengan en gana (ejem!) tendemos a creer que la nuestra es una cultura saturada de mentiras, engaños y conspiraciones sin equivalente en el pasado. Esto nos lleva a pensar que no sólo nos ofrecen información falsa, sino que nos ocultan aquella que no interesa que sepamos.

Pero el pasado también ofrece sorpresas. El 5 de abril de 1909, el Arizona Gazette de Phoenix publicaba en portada un artículo bastante extenso anunciando el espectacular hallazgo de un explorador en los desérticos parajes del Gran Cañón del Colorado (Arizona, USA).

La historia del Gazette

Gazette

Recorte del “Gazette”

El relato describía con detalle cómo G.E. Kincaid, un cazador y explorador de Idaho en busca de minerales, observó mientras navegaba por una angosta garganta ciertas marcas en el sedimento que atrajeron su atención.

Kincaid descendió a la orilla y tras subir a una especie de repisa descubrió unos inconfundibles escalones tallados en la roca, que conducían a la boca de una cueva (la cual quedaba oculta a la vista desde el río). En el interior se extendían interminables pasillos de unos tres metros y medio de anchura y cámaras excavadas en la montaña, cuyo contenido era espectacular: cuerpos momificados cubiertos de telas de corteza de árbol y arcilla, objetos de cobre y un metal grisáceo, pequeñas cabezas labradas desparramadas por el suelo y otros artefactos. Sobre urnas, tabletas de piedra y paredes aparecían jeroglíficos de tipo “egipcio u oriental” (o sea, que podían ser cualquier cosa). Una de las piezas más exóticas era una estatua tallada en mármol a unos trescientos metros de la entrada, representando un ídolo sentado con las piernas cruzadas y una flor en cada mano, de estilo más oriental que egipcio.

El explorador -con más de treinta años de experiencia trabajando para la Smithsonian Institution– recogió algunos artefactos y muestras y se las llevó de vuelta a Yuma donde las remitió a Washington. Allí y tras analizarlas, la Smithsonian preparó una expedición bastante importante de 30 o 40 personas dirigidas por el profesor S. A. Jordan que para la fecha en que se publicó el artículo, ya había explorado una cierta cantidad de pasajes y planeaba ampliar la campaña arqueológica para descifrar el origen de aquel hallazgo, cuya clave estaría en los jeroglíficos.

Desmontando el mito

La noticia quedó abandonada durante mucho tiempo, por lo menos hasta el año 2003 en que se intentó localizar el rastro de la expedición. Para empezar, la Smithsonian no tenía registros de ningún “profesor S.A. Jordan” ni, obviamente, del hallazgo material de una cultura oriental muy avanzada enterrada en el desierto americano. Tampoco se pudo encontrar a “G.E. Kincaid de Lewinston, Idaho” en ninguno de los registros civiles de Idaho federales, estatales o locales; de hecho el artículo mencionaba que Kincaid era “el primer blanco nacido en Idaho” y la Sociedad Histórica de Idaho indica que realmente fue

Eliza Spaulding, la hija de los misioneros Henry Harmon Spaulding y Narcissa Spaulding, que nació en Lapwai, Idaho, en 1837.

Por otro lado, el único medio que publicó la noticia fue el Arizona Gazette y nunca más se supo. ¿Puede haber sido una broma tardía de April’s Fool Day (el 1 de abril, que se celebra como el Día de los Inocentes en España)? ¿O simplemente un relleno ficticio para completar la portada de un día sin eventos?

A principios de siglo, la ética periodística no era algo que se siguiera a rajatabla en los periódicos de provincias; a veces se editaban artículos que parecían relatos sacados de Amazing Stories o Argosy. Estaba de moda Julio Verne, Ridder Haggard y Edgar R. Burroughs: aventuras exóticas, civilizaciones del pasado, mística oriental y el inicio de lo que sería la mitología extraterrestre.

Pictogramas Anasazi

Pictogramas Anasazi

El concepto de “amarillismo” en prensa se supone que apareció en la carrera entre los periódicos de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, que para aumentar la venta de sus publicaciones autorizaron la publicación de titulares sensacionalistas (los click-bait de la época) y la distorsión de la información para atraer a los lectores. Pero realmente este tipo de historias raras existían desde antaño: las “serpientes de verano” cuyo nombre apunta a su origen (relatos de avistamiento o hallazgo de serpientes marinas, de nula credibilidad, preparadas para llenar huecos en los tranquilos meses de verano). Charles Fort estaba en pleno apogeo de su carrera, recopilando y filtrando este tipo de noticias raras para sus estudios sobre fenómenos extraños.

Por otro lado, en Norteamérica siempre ha existido una tradición para este tipo de noticias, impulsada por dos ideas: una, el deseo de los americanos de tener una tradición histórica que se remonte más de quinientos años y no se limite a asentamientos de cazadores-recolectores; y otra, la fantasía de participar en la saga bíblica del Antiguo Testamento de alguna forma, a través de tribus israelitas perdidas o migraciones de la antigüedad.

La historia, vista con ojo crítico, no tiene por dónde agarrarse: Si Kincaid estaba explorando el Cañón en busca de minerales en 1908 y descubrió la cueva a finales de año (saltándose la orden emitida por Theo Roosevelt ese mismo año, que al declarar al Cañón como Parque Nacional prohibía cualquier tipo de prospección minera en la zona) ¿cómo es que no se publicó nada del descubrimiento hasta que la expedición Jordan estaba ya bien iniciada? ¿Por qué el Smithsonian ocultaría un descubrimiento de este calibre? ¿Cómo nadie ha descubierto nada más, a pesar de que se ha intentado? La localización de la boca de la cueva es vaga, pero está definida: unas 42 millas río arriba de El Tovar y Crystal Canyon.

¿Es todo mentira?

Cueva Stanton

La Cueva Stanton

¿O no?
Hay algunos datos curiosos en toda esta historia. No vamos a caer en la conspiración clásica de “La Smithsonian oculta la verdad porque es demasiado terrible para el público”. Esta institución no es el FBI ni el Ejército: al igual que la NASA, cuanto más descubrimientos, más dinero. Cierto es que pertenece al gobierno americano y ha sido acusada habitualmente de ocultar información, pero siendo realistas… no tendrían motivo. Sin embargo, en el artículo no se dice expresamente que Kincaid o Jordan pertenecieran a la Smithsonian. Incluso puede que los nombres estén mal redactados o sean seudónimos.

De hecho, el autor del reportaje demuestra una falta de conocimientos bastante lamentable, y lo más sensacionalista del texto se podría atribuir a la redacción en sí. Kincaid en todo momento sugiere las similitudes con el arte egipcio, hindú o tibetano, pero por su descripción de las momias y artefactos está claro que habla de una cultura totalmente distinta. En un momento se indica que tales pictogramas se han hallado en otras zonas del Gran Cañón, lo cual podría indicarnos que el hallazgo podría ser un enterramiento Anasazi de cierta importancia aunque sin duda no tan espectacular como se lo pinta. Los Anasazi vivieron en la zona y se ha sugerido que podían practicar en ocasiones la momificación.

La situación de la cueva en el Cañón es otra historia. los datos que aporta Kincaid son bastante detallados: en un lugar que probablemente sea Kwagunt Rapids, al sur de Marble Canyon (donde por cierto está la cueva Stanton, pero esta es muy visible) se encontraría sobre una repisa alta (unos 600 metros!) que la oculta a la vista desde abajo. La idea de Kincaid era que probablemente esa altura sería el nivel del río en el momento en que la cueva fue utilizada, lo cual implica muchos milenios. Desde la parte alta del cañón, para acceder a la cueva habría que hacer un rappel de más de 453 metros.

Toda esta región del Cañón está poco explorada, a pesar de la cantidad de campings y rutas que existen. De hecho, la mayor parte de los visitantes que visitan el Cañón del Colorado no ven más que un ínfimo porcentaje del North Rim y las panorámicas del South Rim. Se podrían pasar años explorando todos los recovecos de esta gigantesca formación geológica; por ello no son raros los informes de “hallazgos arqueológicos” que luego resultan imposibles de localizar.

Otro dato que aporta cierta credibilidad a esta dudosa historia es el siguiente: aunque la Gazette -y ningún otro medio- no volvió a informar jamás de las aventuras de la expedición Jordan, resulta que sí había reseñado en una ocasión a Kincaid: el 12 de marzo de 1909 se escribió un artículo acerca de la llegada a Yuma del explorador, que venía en bote desde Green River (Wyoming) siguiendo todo el curso del río Colorado.

“Es el segundo hombre en hacer este viaje y vino solo en un pequeño esquife, deteniéndose por placer para investigar la zona circundante. Salió de Green River en octubre con un pequeño bote cubierto con remos y con una excelente cámara, con la cual tomó más de 700 vistas insuperables del río y los cañones. El Sr. Kincaid dice que una de las características más interesantes del viaje fue pasar a través de las compuertas de la presa Laguna. Hizo este peligroso trayecto solamente con la pérdida de un remo”.

¿Si era un personaje ficticio, el periodista de este diario de provincias se tomó la molestia de redactar un fondo introductorio un mes antes? Además, es una nota meramente descriptiva, para nada sensacionalista. Es extraño. Y me encantaría ver algunas de esas 700 fotos del Sr. Kincaid. ¿Tomaría alguna del exterior de la cueva? ¿O de los objetos que recogió?

Hablamos de una época de información confusa y de difícil acceso; un lugar tan salvaje donde (aún en la actualidad, y esto me sorprendió cuando me lo dijeron allí) te puedes morir y no encontrarán tus huesos hasta años después; periodistas cutres; instituciones gubernamentales secretistas; arqueólogos y exploradores a la antigua usanza. Lo más probable es que nunca sepamos qué vio Kincaid realmente, pero la historia es verdaderamente fascinante y vale la pena conocerla. Además, con ella lleno un artículo en el blog este verano flojo de novedades!

Visto en Ancient Code y otros sitios