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La verdad es que nada más oír el resumen del trailer de Mr. Jones se me ocurrió lo que veis.
La cuestión eterna de los plagios es: ¿Hasta qué punto es homenaje? ¿Hasta qué punto es casualidad? Me acuerdo de cuando se dijo que Atlantis era un plagio descarado por parte de Disney de Fushugi no Umi no Nadia, que es un anime japonés de los ’90. Me vi entero el Nadia y poquito tenía que ver aparte de algunos elementos que podían ser copiados o pura casualidad. Sin embargo, el caso de El Rey León – Kimba el león blanco (Jungle Taitei) sí es más obvio.

Sale un prota gafotas y la niña tiene el… escote con una piedra mágica. Pero ¿es suficiente? ¿estás mirando la piedra, verdad, Jean-Luc?

Harlan Ellison, un autor de ciencia-ficción, demandó a James Cameron por plagiarle unas historias cortas en la película Terminator. En ellas aparecían soldados de un futuro devastado, viajes en el tiempo y demás. Hay que reconocer que Soldier (aquí el episodio entero, en inglés) tiene escenas enteras que parecen idénticas a Terminator. El parecido con Demon with a Glass Hand es menos obvio. Y en I Have no Mouth and I Must Scream se describe un superordenador de defensa que adquiere conciencia de sí mismo.

Pero esto no es raro. Colossus (1970) tiene el mismo tema, un superordenador de combate que esclaviza a la humanidad. Hay una escena de una peli que echaron algún sábado por la tarde, antiquísima, en que un tipo venía del futuro para proteger a una chica. Recuerdo claramente la escena en la que demuestra que es un robot a los asombrados protagonistas: en el pecho tiene una caja con dos lucecitas y de su antebrazo hacia la muñeca, dos cables pegados con esparadrapo. Lástima no poder identificar qué película era; pero también comparte muchos puntos en común con Terminator. Y también está La Segunda Variedad de Philip K. Dick, una guerra del futuro en que las máquinas aniquilan a la gente: los primeros asesinos eran sierras mecánicas ambulantes, la segunda oleada eran “organismos de infiltración” que imitaban seres humanos (el Soldado Herido, el niño con un Osito) y dentro de estos la segunda variedad era algo nuevo.

Y estamos hablando de un par de ejemplos nada más. Por eso el concepto de plagio hay que tomarlo con pinzas si queremos hacer justicia, y más cuando se habla de temas trillados. A Ellison le reconocieron la inspiración en los títulos de crédito (y le pagaron, por lo visto, generosamente) y Cameron llegó a declarar que era “un parásito que me puede besar el culo”.
Ahora, si en Mr. Jones aparece James Norton construyendo una hélice con un tronco de árbol o asustando a los esbirros de la Cheka con una sábana por encime, seguro que recibirán una carta de los abogados de Moulinsart (la empresa que gestiona el copyright de Tintín)