El culo humano es un objeto singular. Una proporción adecuada de carne musculosa alrededor del orificio que raramente se ve en otros animales distintos del hombre. ¿Qué lo originó? ¿Es un accidente o una característica con un propósito definido? Veámoslo.

El destino del blastoporo.Para empezar, dejemos claro que estamos hablando del culo y no del ano; casi todos los animales tienen un ano. Desde que la forma original de los celomados (una bolsa, como por ejemplo las medusas, cuyo ano y boca es lo mismo) se complica, todos los animales más o menos complejos son como un toro, diría Jesulín de Ubrique; un toroide o donut, cosa en forma de tubo con un agujero en cada extremo. Reducidos al mínimo, somos eso.

(Curiosidad: mientras que en algunos animales, por ejemplo los insectos, el gastroporo o agujero original forma la boca y luego aparece el ano como apertura secundaria, en los vertebrados es al revés. Empezamos con ano y sin boca. Diseño Inteligente a tope.)

Eogyrinus en un arroyo carbonífero

Bueno, si nos fijamos en una variedad de animales, el ano está expuesto directamente al exterior: perros, tiburones, pulgas, dinosaurios… lo cual es práctico para defecar porque el sistema muscular es como esos maravillosos botes de ketchup que no gotean. Está bien hecho. Generalmente hay una cola, y vaya, el orificio no está en la punta al final de la cola sino justo donde esta empieza.

Cuando aparecieron las patas, la cosa se complicó. Mecánicamente, los tetrápodos tenían un par de columnas de hueso y carne donde antes había unas aletas (las aletas anales, sí). La masa muscular necesaria para moverse es importante, así que los primeros bichos que anduvieron en la Tierra usaban un músculo, el caudofemoral -que conecta la cola y el fémur, generando el movimiento de la pata hacia atrás- para impulsarse con fuerza. Este músculo es potente y todavía muy usado en animales con cola, como lagartos y salamandras.

MoschopsHace 300 millones de años, sin embargo, apareció un grupo de reptiles mamiferoides denominados sinápsidos. Estos bichos entre otras extrañezas tenían una cola muy cortita, así que el caudofemoral tuvo que ser sustituido por otro grupo muscular para producir la tracción trasera. Aparecen en escena los músculos gluteales, un conjunto que une la pelvis con el fémur, y con ellos los jamones.

Esto cambiaría también la forma de andar: un cocodrilo, por ejemplo, usa su cola para aplicar tracción y se nota en su movimiento ondulado. El Moschops de la imagen -una criatura de extraña arquitectura- seguramente se movía más como una vaca, y podemos ver cómo sus ancas son potentes y musculosas. En el árido clima del Pérmico, estos jamones se tenían que curar estupendamente, si hubiera habido quien los preparara.

Los sinápsidos no soportaron bien la extinción de finales del Pérmico, como todos los demás (el 90% de la vida marina y el 70% de la terrestre se extinguieron) y tras la catástrofe, los dinosaurios empezaron su camino al éxito. Ya en los primeros se notaba la tendencia al bipedalismo, es decir, andaban como pollos; esto producía unos muslos muy potentes pero debido a la presencia de la cola musculosa -que servía para articular la pata como ya hemos visto, mediante el caudofemoralis- no hay culo. El proto-culo sinápsido se había extinguido junto con los últimos trilobites del mundo.La musculatura corredora de un T. rex

Sin embargo, los mamiferoides dieron origen a unos reptiles pequeños y peludos que sobrevivieron discretamente a las futuras masacres de la Tierra -incluido el pepinazo del Cretácico que se cargó a los dinosaurios- y acabaron siendo los mamíferos. Muchos de ellos con cola, pero con los músculos gluteales bien puestos.

Damos un gran salto hacia el futuro, hace seis millones de años: vemos a algunos de estos mamíferos, unos primates que salen de las selvas y se adentran en la sabana seca donde es mejor andar a dos patas que a cuatro. Con el tiempo, los homininos desarrollarían esta característica de los dinosaurios (bipedalismo) con todo lo que ello acarrea: manos funcionales, incremento del cerebro, hemorroides, partos difíciles, dolor de espalda, desarrollo intelectual, y… culos.

En efecto, ahora toda la responsabilidad del mecanismo de andar recae sobre los gluteales, lo cual los vuelve más grandes. Añadamos un poquito de grasa dispuesta estratégicamente* para que el rozamiento no dañe los músculos y tenemos unas hermosas nalgas.

Onagro o asno salvaje asiático

Onagro o asno salvaje asiático (Equus hemionus) mostrando sus suaves nalgas que sin embargo no son humanas. No recomiendo buscar fotos de este animal en inglés (asian wild ass) porque los resultados pueden ser muy diferentes.

(De todos los animales, el caballo tal vez tiene un culo casi humano. Pero ellos utilizan otro músculo para galopar, el gluteus medius, mientras que nosotros hemos desarrollado el gluteus maximus a tal punto que parece estar fuera de la pelvis**. Este músculo, igual que los abductores gluteales, es fundamental para la estabilización de la pelvis en el proceso de pasar el peso de una pierna a la otra, cosa que los caballos ni se plantean)

Por supuesto, hay otro factor: la selección artificial, en lo cual somos expertos. Si por alguna razón los primeros humanos consideraron al culo como algo atractivo, esto nos llevaría a desarrollarlo más allá de sus funciones primarias. (hay una teoría, no sé si fundamentada, que plantea que la forma actual de los pechos femeninos es una especie de “culo frontal” una simulación ornamental para resultar más atractiva al macho). Así pues, tenemos que ampliar la definición de Desmond Morris y reconocer que el humano no sólo tiene el cerebro y el pene más grande entre los primates, sino también el culo.

Y esta es, amiguitos, la historia del culo y por qué nos gusta tanto (plus: tetas).

* la grasa, aparte de suavizante, es una reserva de energía. Los humanos somos de los mamíferos más gordos, en principio debido a las necesidades energéticas extremas de nuestra estrategia reproductiva.

** el g. maximus es el músculo más grande de toda la anatomía humana.