* “Nazistas” se dice en portugués, pero queda más homogéneo…

Lo que dice realmente la noticia de la agencia SINC (me encantan sus titulares) es que tras un análisis de variación genética del ADN -comparando marcadores STR, que son trocitos de código que se repiten- resulta que las cabras marroquíes y las españolas tienen un ancestro común, pero los resultados muestran que las razas más próximas genéticamente a las cabras del norte de Marruecos son la Payoya (sierras de Grazalema y Cádiz) y la Malagueña; y la de Canarias, es la menos parecida.

Pero entonces, ¿hay cabra mora como tal? Si una diferencia en un marcador genético nos permite definir una raza, ¿qué pasa con los humanos? Como siempre, es una cuestión de gusto.

El concepto de raza es un arcaísmo científico, algo parecido al término “gusanos” para referirse a docenas de grupos diferentes de animales, o “microbios”. Por ejemplo, actualmente en Botánica lo que se denominaba raza es ahora subespecie: una variación de la unidad mínima que identifica a un organismo. (Hay otro nivel más fino que es variedad, por ejemplo:
la patata colorá: especie Solanum tuberosum /
subespecie S. tuberosum tuberosum /
variedad colorada

Raza se sigue utilizando en Zoología para definir las variedades en animales domésticos; los animales salvajes, no modificados por el hombre, se quedan en subespecies diferenciadas. Recordemos que todos los individuos que pertenecen a una especie se pueden reproducir entre sí, da igual su aspecto.

En cambio, entre los humanos el concepto de raza tiene tantas sombras que la Antropología ha decidido descartarlo, o al menos cambiarle el nombre: utilizamos etnia (cuando hay una identidad cultural) o población (cuando la relación es más bien geográfica). Se dice incluso que el término raza carece de fundamento biológico; pero apenas estamos empezando a descifrar el genoma y esta es una cuestión que aún se presta a debate.

Las diferencias fenotípicas -el aspecto del organismo desarrollado- son un reflejo de su genoma, pero la complejidad poblacional y el intercambio que ha habido incluso entre especies (subespecies?) como neandertales y denisovanos, nos ha dado un repertorio tan amplio de adaptaciones al medio ambiente que no sabríamos por dónde empezar.

En conclusión: llamémoslo razas, variedades o etnias, somos muchos y diferentes. Negarlo es mirar para otro lado. Lo que no somos es mejores o peores que nadie, y yo aplicaría esto a cualquier forma de vida orgánica o artificial, pero esto es ir demasiado rápido. ¡Empecemos por lo sencillo! ¡Vivan las cabras, en todas sus versiones!