Contemplad esta curiosidad: un preservativo reutilizable realizado en piel -concretamente con pellejo de intestino de oveja- de cerca del 1880. Lleva una cuerdecita para ajustar; las instrucciones indican que hay que remojarlo y calentarlo ante el fuego antes de usarlo, y luego se lava como un calcetín. Está en el Powerhouse Museum de Sydney.