Groenlandia
Groenlandia

El deshielo de los casquetes polares va revelando sorpresas ocultas. En una región al suroeste de Groenlandia denominada Isua Greenstone Belt, la roca expuesta ha permitido recoger muestras de tierra fósil (es decir, suelo; el resultado de la degradación erosiva de la roca, con alteraciones químicas y/o biológicas, que lo convierten en un soporte ideal para la vida en forma de bacterias y plantas). Claro que este suelo tiene tres mil setecientos millones de años.

Hasta ahora, la muestra de tierra fósil más antigua registrada corresponde a los paleosoles de la formación Panorama de Australia, con 3.500 millones de años. Las muestras de Isua corresponden al Eoarqueano, que tiene los primeros registros de rocas sólidas que quedan actualmente en la corteza terrestre.

Rocas del Cinturón de Piedra Verde de Isua, de las más antiguas del mundo
Rocas del Cinturón de Piedra Verde de Isua, de las más antiguas del mundo

Está claro que, a estas escalas, tampoco hace falta mucho tiempo para que la roca se erosione, forme arena y luego un suelo polvoriento. Pero los paleontólogos tienen esperanzas de encontrar en esta tierra densamente apretada y convertida de nuevo en roca restos de actividad biológica, demostrando que la vida apareció en fechas tan remotas como las que estamos manejando. 

La reconstrucción del ambiente donde se formó esta tierra fósil es fascinante: un ambiente de humedad moderada, con temperaturas sobre los 12º; probablemente una llanura costera irrigada por pequeñas corrientes que aportaban arena y fosfatos. Aún así, era absolutamente inhóspito para nosotros: casi sin oxígeno atmosférico, con lluvias ácidas y un baño de radiación UV (no existía la capa de ozono). Pero bajo el agua, y bajo la tierra, podría haber vida.

Hay algunos restos de grafito e isótopos de carbono con indicadores que podrían indicar fotosíntesis, un signo indiscutible de vida orgánica (y lo bastante avanzada para utilizar clorofila) pero los investigadores –Greg Retallack, geólogo de la Universidad de Oregón, y Nora Noffke, de la Old Dominion University- no quieren aventurar conclusiones hasta hacer más pruebas.

Visto en phys.org