Un descubrimiento en las calizas de la biota Yanliao del Jurásico medio-superior de China, parece que corrobora algo que ya imaginábamos desde hace más de cien años: los pterosaurios -esos reptiles voladores del Mesozoico, con tamaños que van desde el de una avioneta a una mariposa grande- estaban cubiertos de plumas, como los dinosaurios avianos.

Hace unos días hablábamos sobre la piel de los ictiosaurios y su parecido con los mamíferos acuáticos, fenómeno llamado convergencia evolutiva. Básicamente, se trata de que la vida encuentra las mismas soluciones a los mismos problemas,con lo que nos podemos encontrar animales (o plantas) no emparentados entre sí que se parecen mucho, como los cactus americanos y las euforbiáceas del Viejo Mundo.

El problema de esto es que se parece demasiado a cierta forma de chauvinismo muy cómoda que nos hace revestir aquello que desconocemos de características de nuestro entorno. Así, por ejemplo, los extraterrestres son humanoides, los artefactos arqueológicos se identifican con cosas que usamos, etc. Mirad aquí abajo tres reconstrucciones del mismo fósil (Anurognathus). No tenemos ni idea de la pinta que tenía.

En las reconstrucciones de fósiles, por dar algún sentido a aquello que no conocemos, se busca la forma viviente más parecida. Los dinosaurios eran lagartos, y como tales se representaban: iguanas gordas y estúpidas cubiertas de escamas. Con el tiempo descubrimos que no eran lentas ni torpes, y que su revestimiento era variado. Ahora que sabemos que muchos de ellos llevaban plumas, parece que queremos emplumarlos a todos… pero no todo es tan simple.

El hallazgo de Yanliao

Las finas calizas jurásicas de Yanliao, correspondientes a un entorno de bosques y lagos subtropicales -las temperaturas a finales del Jurásico eran algo más frías y fluctuantes que el cálido verano que habían conocido los reptiles- han conservado con detalle un ecosistema dominado por dinosaurios avianos de todos los tamaños, pero también aves primitivas, pterosaurios, salamandras y peces.

Plumas de pterosaurio
Tres diferentes plumajes. Imagen © Baoyu Jiang, Michael Benton et al.

El análisis de improntas fósiles de ejemplares de pequeño tamaño -anurognátidos como el bichillo de los dibujos de antes- ha revelado al menos tres formas de revestimiento dérmico en estos pequeños pterosaurios: unas fibras ramificadas que se podrían llamar plumón, o pelos, y revestían el cuerpo del animal. Las alas membranosas estaban desprovistas de las largas plumas de las aves actuales, que sirven para crear superficies de sustentación.

Qué es una pluma? Qué es un pelo?

Hace años le preguntaba a un profesor de Biología si el pelo de las arañas era realmente pelo. Es decir, una araña tiene una anatomía totalmente diferente a la nuestra ¿verdad? O un paramecio, que también tiene pelos. ¿Todos son pelos, o tienen nombres diferentes?

La respuesta de mi profe fue esa. Todos son pelos. El pelo mamífero es un filamento de queratina, muy similar a la capa córnea de la epidermis pero con una estructura más compacta y fuerte; el pelo artrópodo y de algunos gusanos se compone de quitina; el pelo bacteriano se compone de proteínas dispuestas en espiral. Si tiene pinta de pelo, es un pelo.

Con las plumas, pasa igual. Si es como un pelo pero tiene las puntas abiertas, es una pluma. No sabemos cuántas veces apareció la pluma como solución evolutiva; antes creíamos que era una exclusiva de las aves, pero actualmente hay varias teorías, la más sencilla indica que todos los plumíferos descienden de un ancestro común, posiblemente un cocodrilo, que tenía algo parecido a plumas en su repertorio genético hace unos 200 millones de años.

La otra posibilidad es que los peloplumas hayan surgido independientemente al menos cuatro veces: en los pterosaurios, en los dinosaurios terópodos, en algunos ornitisquios y en las aves. No lo sabremos con seguridad hasta que no se descubra el fósil de un cocodrilo con plumas.

Tipos de plumas hallados en Yanliao
Estos son los peloplumas de los anurognátidos de Yanliao.

Desde los primeros hallazgos de pterosaurios -los ranforrincos de Solnhofen por ejemplo, que son ejemplares muy detallados- se sabe que estas criaturas tenían pelillos, a los que se denominó picnofibras, por diferenciarlos de los pelos mamíferos y del plumón aviano. Ahora se da marcha atrás y los llamamos plumas, aunque su aspecto sea totalmente distinto. La función, sin embargo, es la misma: estos pequeños animales necesitaban abrigo ante las frescas temporadas de fines del Jurásico. Un animal de ese tamaño disipa su calor corporal rápidamente y en consecuencia, el desarrollo del vello/plumón era previsible (recordemos que los ictiosaurios desarrollaron grasa subcutánea, pero esto es un aislamiento muy pesado si se trata de volar). También podrían tener una función de camuflaje: se han detectado melanosomas que indican un color marrón-rojizo-negro, casi como un gorrión.

Igual que pasa con los dinosaurios y los mamíferos, a mayor tamaño, menos necesidad tenemos de termorreguladores: un cuerpo enorme es más eficiente conservando su temperatura que uno pequeño. Muy probablemente los grandes pterosaurios –Pteranodon, Quetzalcoatlus– tendrían un aspecto más parecido al reptilesco bicho que vemos en las películas de acción, pero los pequeñitos eran diferentes.

Y hablando de dinosaurios, otro hallazgo -esta vez en una playa inglesa en Sussex que contiene sedimentos del Cretácico- muestra impresiones clarísimas de grandes reptiles con las garras en su sitio (tal cual las veíamos en los dibujos de los Picapiedra) y escamas, hermosas escamas cubriendo toda la piel. No todos los dinosaurios iban emplumados, recordémoslo.

Pterosaur integumentary structures with complex feather-like branching, en Nature

‘Treasure trove’ of dinosaur footprints found in southern England, en la web de la Universidad de Cambridge