Un objeto estelar denominado “impactador oscuro” ha creado una perturbación en nuestra Galaxia. Lo que fuese tenía una masa inmensa, suficiente como para alterar el curso de varias estrellas.

De hecho, el fenómeno fue descubierto por un equipo de astrónomos que estudiaban las distorsiones que las mareas gravitatorias galácticas provocan en los cúmulos globulares vecinos. Estos son pequeñas acumulaciones de estrellas, mini-galaxias, que junto a la Vía Láctea conforman el llamado Sistema de la Vía Láctea dentro del Grupo Local.

El proyecto Gaia -de la Agencia Espacial Europea- es un intento de cartografiar un poquito las estrellas de nuestro Sistema: unos mil millones de soles, su posición en un mapa 3D y su velocidad radial (esto es poco menos del 1%). Una de las cosas que se han observado es la presencia de distorsiones en los cúmulos cercanos, provocadas por las mareas gravitatorias de la Vía Láctea. Los cúmulos se desparraman y pierden estrellas que son atraídas por la galaxia central, como pasa por ejemplo con el grupo de las Híades:

Ana Bonaca, del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, lleva algún tiempo estudiando las estructuras que componen el halo galáctico, una zona periférica que contiene estrellas antiguas y los citados cúmulos globulares. El halo es mucho menos luminoso que el núcleo y los brazos de la galaxia, y sin embargo contiene la mayor parte de su masa.

Una de esas estructuras son estos regueros de marea, que según ciertos modelos predictivos es la forma en que las galaxias incrementan su tamaño canibalizando galaxias enanas y cúmulos vecinos. Suelen ser de distribución homogénea, casi planos (teniendo en cuenta que su longitud y ancho se mide en pársecs*). Aquí hay una lista de los regueros catalogados del Grupo Local: Vía Láctea y Andrómeda.

Uno de estos regueros es el correspondiente a GD-1, un cúmulo globular de cierta edad (13.000 millones de años) que contiene principalmente estrellas pobres en metales y está a 8.000 pársecs del sistema solar. Pero algo extraño había distorsionado GD-1 dejando una cicatriz en su homogeneidad, una cicatriz de 10-20 pársecs de ancho.

imágenes del impactador oscuro
Arriba: la perturbación en GD-1. Abajo: el modelo predictivo computerizado de un objeto atravesando el reguero.

Las simulaciones por ordenador indicaban que esa marca sería predecible después del paso de un objeto gigantesco a través de GD-1; algo cuya masa sería aproximadamente un millón de veces la del Sol desplazándose con velocidad desconocida. Este perturbador galáctico, que resulta imposible de localizar -sabemos más o menos la trayectoria, pero no cuándo pasó por allí ni a qué velocidad iba- ha sido denominado un “impactador oscuro” y es posiblemente la prueba de una interacción de materia oscura con sistemas estelares.

Sabemos que la materia oscura es materia no bariónica (es decir que no está compuesta de átomos tal como los conocemos) y es transparente a la radiación electromagnética: no emite luz ni calor ni rayos X, lo que la hace… oscura. Pero sí que interactúa gravitatoriamente con la materia normal. En este caso, el impactador oscuro podría ser un monstruoso pegote de materia oscura o también un agujero negro supermasivo, al estilo del que hay en el centro de la Galaxia. Otras posibilidades, como nubes moleculares u otros glóbulos de estrellas, quedan descartados porque se hubieran podido rastrear.

Los datos que permitieron detectar esta cicatriz -la primera detectada en su tipo- provienen mayormente de los datos recogidos por Gaia, que Bonaca ha cotejado con la información del Telescopio de Espejos Múltiples de Arizona. La idea es intentar detectar más anomalías de este tipo para arrojar algo de luz sobre el fenómeno.

The GD-1 stellar stream suggests the existence of dark substructure in the Milky Way halo, en los archivos de Harvard.

*1 pársec son 3,262 años luz.