El arrecife de las gemas

Hace algún tiempo leí Hyperborea, una selección de relatos de de Clark Ashton Smith. Uno de ellos. Las Abominaciones de Yondo, describe el periplo de un tipo que, tras ser torturado y liberado al borde de un desierto, acaba volviendo despavorido ante los horrores no muertos que lo habitan. También se describía en otro sitio una «playa cuyas arenas eran gemas y oro en polvo» muy al estilo de las fantasías dunsanianas a las que eran tan afectos Smith y Lovecraft.

Y claro, pensé: «Smith, veo tu mano de la Playa-de-Gemas y te tiro un Arrecife-de-Millones-de-Años-en-un-Cráter-en-un-Desierto-lleno-de-Granates». Pero este lugar existe, y es el Cráter de la Granatilla en Níjar. Son los restos de un volcán submarino en torno al que creció un arrecife de corales hace más o menos 6,5 millones de años. La arena que lo reviste no es el polvo típico del desierto, sino arena silícea de playa; y está llena de pequeños cristales de granate almandino, de forma trapezoédrica o rombododecagonal y aspecto vítreo. El lugar forma como un valle cerrado al cual se accede por un lado, y en medio se alza un pitón volcánico como una aguja de piedra. Es bastante alucinante y merece la pena visitarlo, por ejemplo ahora en primavera que todavía no hace calor y los shardaks están hibernando.

El personaje que sale procede de un entresueño que tuve y pude dibujar al despertarme de noche. La curiosa indumentaria encajaba con las fantasías orientales de Smith; como siempre pasa en los sueños, uno es a la vez narrador, espectador y protagonista.

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