El día del asteroide

Es muy difícil datar con exactitud eventos antiguos; basta con que sean previos al uso del calendario para que lo tengamos ya muy difícil. Si nos remontamos a hechos de antigüedad geológica, es todavía peor.

La primera página de la cronología de Ussher.

Ya en 1650, el arzobispo inglés James Ussher se puso a calcular el día exacto de la Creación basándose en las generaciones transcurridas desde el Génesis -la Biblia es bastante detallista en cuanto a eso- y sacó la fecha en sus Annales veteris testamenti, a prima mundi origine deducti  : 22 de octubre del 4004 a.C. a eso de las 18:00 horas. Sábado, para más señas. Este cálculo, que puede resultarnos cándido en la actualidad, era bastante lógico teniendo en cuenta que el único hecho concreto y validado (en 1650) de que disponía Ussher era la genealogía bíblica. Lo hizo de la mejor manera posible y eso no se le puede negar.

En comparación, me parece más torpe la coletilla de «hace 65 millones de años» puesta de moda por Spielberg, que es utilizada a diestro y siniestro por periodistas sin mucha formación o interés para hablar de la extinción masiva del Cretácico y el evento Chicxulub (por el objeto celeste* que se estampó en el Golfo de México hace 65,5 millones de años y provocó el exterminio de aproximadamente el 75% de la biota terrestre). La usan hasta para hablar de especies extintas mucho antes, como Stegosaurus o Diplodocus. Este es, precisamente, el momento que nos interesa hoy. ¿Se podría precisar, con la tecnología actual, la fecha del evento que marcó el límite de la Era Secundaria?

Restos del Límite K-T (ahora se llama K-Pg, Cretácico-Paleógeno) se han encontrado en diversas partes del mundo. Uno de los que estudió Álvarez está en Caravaca (Murcia), en el Barranco del Gredero: la llamada Capa Negra es un estrato de unos 3 cm. de sedimentos oscuros, que contienen una concentración anormalmente alta de iridio. Se supone que esos sedimentos son los depósitos de materia orgánica y cenizas provocados por el cataclismo (el iridio vendría con el asteroide o cometa). Yo he estado en el Gredero y no he visto estos estratos, pero sí acumulaciones masivas de cadáveres de Nummulites** que corresponden con el evento. Por datación estratigráfica tenemos la «fecha» aproximada de 65,5 millones de años; pero esto no es muy preciso.

La primera ola llega a Tanis.

Un descubrimiento publicado hace un par de meses en Tanis, un yacimiento del Cretácico tardío (formación Hell Creek) de Dakota del Norte, parecía aclarar no la fecha y la hora, pero al menos sí la estación en que ocurrió el impacto: primavera. ¿Cómo se llegó a esa conclusión?

El yacimiento de Tanis parece corresponder con el tramo final de un enorme brazo de agua que recorría todo el centro del continente que ahora es Norteamérica, situado a unos tres mil kilómetros del cráter de Chicxulub. Los finos sedimentos han conservado con gran detalle la fauna del lugar, pero hay una sección que parece haber registrado los eventos que ocurrieron entre los minutos siguientes al impacto y algunas horas. Y la imagen que dan es terrorífica.

El huevo de pterosaurio.

Minutos después de que el asteroide chocara en México, una onda -un seiche– que atravesó el océano y se extendió tierra adentro por el estuario provocó la subida de las aguas llevando microfauna, peces y restos. Algunos de estos peces se conservan: son esturiones que posiblemente fueron arrancados de las aguas y lanzados hacia el bosque. Tienen las branquias acribilladas de pequeñas bolitas de vidrio meteórico, gotas de roca evaporada en el impacto. Hay una tortuga que quedó empalada en el tronco de un árbol. Hay un embrión de pterosaurio en su huevo, exquisitamente conservado en los sedimentos que poco después quedarían helados y sin actividad biológica por algún tiempo.

Por el crecimiento de los huesos y los isótopos de carbono encontrados en los esturiones sabemos que estos peces -que se alimentan de plancton filtrado del fondo acuático- ya estaban engordando pero aún no habían llegado a su crecimiento estacional máximo; es decir, que estaba empezando la buena temporada de primavera-verano en el hemisferio Norte, temporada de cría. En el cono Sur, era otoño: casi todas las especies animales y vegetales estaban entrando en el receso previo al invierno, lo cual es consistente con el hecho de que la recuperación de la vida en esta mitad del globo fue el doble de rápida que en el Norte.

El muslo, algo torrado.

El último hallazgo ha sido un muslo de dinosaurio perfectamente conservado. Digo bien, no es un fémur o unos huesos medianamente articulados en su posición, sino un muslo con la huella y volumen de su masa muscular y la cobertura escamosa -no hay evidencia de plumas-. Se ve increíblemente bien. Parece corresponder a un Thescelosaurus, un herbívoro de tamaño medio («Reptil espectacular», el fósil hace honor a su nombre) que estaría forrajeando cerca de la orilla. Parece que la pata le fue arrancada de cuajo al pobre bicho, y como no hay huellas de dientes, es posible que fuera otra víctima de la brutal onda expansiva.

Es decir, estamos descubriendo testigos directos (y víctimas) de la catástrofe K-Pg. ¿Qué nos revelarán futuros descubrimientos?

El día 15 de abril se estrenará el documental con David Attenborough Dinosaurs: The Final Day en BBC One, ¿Tal vez 65,5 millones de años después del impacto, día más día menos? Esta primavera también está siendo rara.

The Mesozoic terminated in boreal spring, en Nature

Tanis: Fossil of dinosaur killed asteroid strike found, scientists claim, en BBC

*Aunque por lo visto hubo más objetos -mucho más pequeños- que impactaron al mismo tiempo.

**Los Nummulites eran organismos unicelulares del tamaño aproximado de una lenteja, que aparecieron precisamente en esta época. Sobrevivieron al impacto y tuvieron gran éxito, aunque ya no existen.

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