Meme-z: coches que he vivido


El Plymouth 1936 - “La Lechuga”
Me he estado acordando de cosas sueltas así a ratos (cosas de la edad) y se me ha ocurrido una especie de tarea personal: rememorar aquellos vehículos que han estado presentes a lo largo de mi vida, que han sido unos cuantos. La dificultad extra que me planteo es dibujarlos y no a mano, no: sino con la maldita tableta gráfica de baratillo que tengo. Claro que no se le puede echar la culpa de la falta de práctica al material, por eso he puesto manos a la obra. Espero que se me disculpe, pues, el trazo torpe, la línea muerta y la falta de estilo propio: todo se andará.

Para este primer post, entonces, el primer coche que recuerdo: el Plymouth Six Sedan de 1936 del abuelo, la “Lechuga“.

La existencia de este coche es anterior a la mía propia, así que poco sé de su entrada en casa. La marca Plymouth era una subordinada de Chrysler, que empezó a montar esta marca de coches económicos en 1928. Sé que al principio era verde (de ahí su apodo) y prestó notables servicios de desplazamiento a las playas en tiempos felices; para cuando nos conocimos era gris, pero conservaba todos sus adminículos. Era mi fragata espacial y sabía todos sus detalles: las burbujitas en forma de escupitajo del cristal “Securit” (irrompible!); la visera metálica exterior; el capó que se abría lateralmente, como las alas de un pájaro de presa, mostrando el imponente motor… mi sueño: cabalgar uno de los guardabarros en alguno de los viajes que hacíamos.

El interior era tan inmenso y espartano como una iglesia románica. Todo el instrumental estaba implantado sin ningún tipo de ergonomía, y el inmenso volante parecía el timón de un barco. Además de darle vuelta  la llave, el arranque tenía un botón en el salpicadero, como un timbre de puerta: todo modelado en duro plástico blanco marfil. Te sentabas en los asientos revestidos de cuero gris y el techo estaba como a un metro por encima… el baúl trasero era bastante grande. Sí, aún no era maletero, pero el primitivo baúl añadido a la parte trasera de los coches de época ya se había fusionado a la carrocería. También llevaba detrás los pilotos señalizadores de cambio de dirección -delante no, por supuesto ¿para qué?- aunque la costumbre era sacar la mano.

Primitivo y todo, aquel monstruo de acero de 1.100 kilos cargaba lo que fuera y recuerdo cómo subía las rampas y cuestas sin recular, con sus tres marchas de “palanca al piso” (arcaicos cambios de marchas que con el tiempo serían sustituidos por los mucho más modernos cambios semiautomáticos controlados a un lado del volante, veinte años después). Un choque de eso con un vehículo moderno y seguro que la Lechuga aguantaba, aunque todo lo demás sería papilla: el otro coche, los pasajeros, y el propio conductor de la bestia.

El Prowler del año 2001Pura curiosidad, la marca Plymouth no pudo sobrevivir al cambio de siglo. Casi todos sus diseños fueron absorbidos por Dodge, y el último diseño fue este Prowler de 2001. Eso sí, aún pueden encontrarse P-Six de 1936 -en perfecto estado de funcionamiento- por todas partes, si se sabe buscar. ¡Ay abuelo! ¡Si la fortuna me sonríe, prometo recuperar la Lechuga para la familia!