Pesadillas cotidianas

La maldita escolopendra me sigue dando espeluznos, sobre todo porque fue la tercera de cinco o seis avistamientos que hubo en casa. Otro misterio ikerjimenesco que me atosiga es: ¿por qué casi siempre que me despierto en plena noche son las 3:33 de la madrugada? ¿Tengo la vejiga programada a esa hora? ¿Es cuando los gatos empiezan a pensar en comer? No lo sé.
Lo más curioso es que, aunque sueño mucho, lo que deberían ser pesadillas no lo son. Los que me despiertan taquicárdico y aterrado son más prosaicos, como: ir sin casco y avistar a la Guardia Civil (debe ser una variante del clásico: «ir al colegio y descubrir que vas desnudo«), oír gente dentro de casa, discutir con amigos. Brrr!

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