Revisando los parches rubicundos que la dermatitis hace asomar de vez en cuando en mis piernas, veo que ninguna medicina ha funcionado. Cremas hidratantes, con urea, con áloe, antiinflamatorias, aceite del árbol de té, corticoides: la ciencia moderna es tan incapaz como la magia simpática más primitiva. El mal no es exterior, de hecho ni siquiera es un enemigo; ni virus, ni parásitos, ni bacterias, sino un simple trozo de código genético mal expresado. Por otra parte, hay formas peores de defecto genético.
Pero de repente he comprendido que la medicina moderna, los médicos tal como existen ahora, no durarán mucho. Desde Imhotep, Galeno, Averroes o Paré, los doctores en Medicina han sido meros mecánicos. A partir de ahora -igual que nos pasa a los que diseñamos- tendrán que ser también programadores.



