Melancolía

Es increíble la cantidad de cosas que se van acumulando en la casa. Cualquiera podría pensar que se trata del Síndrome de Diógenes, o pura miseria por mi parte: pero -aunque estoy bastante de acuerdo con el filósofo cínico* en muchas cosas- lo que tengo no es afán por poseer cosas, sino por no tirarlas. Me dan pena. Ya de chico me daban pena las colillas encendidas en el suelo, y procuraba no pisarlas para que «vivieran más». A los seis o siete años había leído Blagdaross, de Lord Dunsany (sí, sí, con siete años leía cuentos góticos) y me había confirmado esa lamentable piedad por las cosas inanimadas.

¿Y a qué viene este preludio? ayer, paseando tras la comida, encontré esta visión patética…

Un pobre extintor, tirado entre cortezas de pino. Parecía en buen estado, y en la placa decía que había superado la prueba de control en abril de 2008. Una vida de fiel servicio que había llegado a su fin cruelmente. ¿Secuestrado por ladrones? ¿Abandonado por un amo en bancarrota e incapaz de mantenerlo? ¿Quién sabe las historias trágicas que esta imagen puede relatar? Así que si alguien quiere acoger este extintor Magnum, nº de serie 287322, al que algún usuario despiadado dejó sin miramientos… aún yace en su lecho de astillas junto a un puente, en el parque de El Toyo.


Aquí hay una versión de Blagdaross, para el que no lo conozca. Dunsany es un crack.

*Diógenes de Sinope (412-323 a.C.) se hubiera horrorizado por esta definición, ya que pregonaba todo lo contrario: la virtud y el desprendimiento de toda gloria terrenal y material. Lo de «Síndrome de Diógenes» viene porque se observó al principio de forma general en personas mayores y hurañas, que es la actitud propia de este filósofo. Justamente hace unos días John Porcellino -de What Things Do– dibujaba la famosa anécdota del cuenco, entre otras. Por cierto, lo de «cínico» (kynikos) tampoco debe usarse en la acepción moderna: era la forma en que otros llamaban a estos filósofos desprendidos, ya que solían vivir como perros (kynos) tirados por las calles.