Huellas de temnospóndilosUn descubrimiento en el Valle de Manyanet (Lleida) nos revela unas interesantes huellas de vertebrados del período Pérmico, hace 300-250 millones de años, cuando Cataluña no sólo estaba bien pegada a la península ibérica sino al resto de Europa occidental, que era un bloquecito del supercontinente Pangea.

Este supercontinente daba más problemas climáticos que todos los que pueda crear nuestra especie: al bloquear las corrientes oceánicas, las diferencias de temperatura y aridez eran salvajes. En la época de la que proceden estas huellas, todavía estaba cercana la era glacial que acabó con las selvas del Carbonífero; pero el calentamiento estaba provocando un clima continental extremadamente árido.

Ante esta aridez, la fauna dominante (anfibios gigantes, cuya vida era estupenda en los pantanos cálidos del Carbonífero) lo estaba pasando mal. Tenían vedada la mayor parte de las tierras emergidas, ya que un anfibio necesita humedad ambiente y una charca para poner sus huevos sin cáscara. Así que la aparición de una variedad de animales de piel aislante, seca y cubierta de placas resistentes, y que ponían huevos dotados de una membrana multifuncional -el amnios- y una cáscara calcificada, fue muy oportuna. Los primitivos reptiles pronto se extendieron por las praderas y desiertos de Pangea, y una variedad de ellos hizo su agosto: eran seres de aspecto grotesco, con colmillos diferenciados, y… evidencias que sugieren que tenían glándulas cutáneas capaces de segregar pelo y leche, así como un metabolismo avanzado capaz de generar calor corporal. Estos reptiles mamiferoides se extinguieron con el tiempo, cuando la temperatura se hizo más alta y lo realmente útil era ser un reptil de sangre fría calentado por energía solar (El modelo de “animal peludo capaz de mantenerse activo en el frío” no resurgiría hasta muchos millones de años después).

Así pues, las huellas que vemos en los lodos catalanes descubiertos por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) y el Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (CSIC) corresponden a una zona acuática fluvial que se vertía en un lago o mar interior en la que vivían temnospóndilos, un tipo de salamandras gigantes -reliquias del Carbonífero, y ancestros de los actuales anfibios-  Seymouria, una fase transicional entre reptiles y mamíferos (ahora está mal visto decir “eslabón perdido”), enormes pelicosaurios con sus velas dorsales y otros vertebrados capaces de dejar huella. Sin duda fue un ecosistema de gran biodiversidad; el lugar estaría sombreado por bosques de coníferas, el último grito en diseño vegetal, y praderas de helechos para forrajear. Un auténtico paraíso, para lo que fue el Pérmico.

huella de CheirotheriumUn detalle curioso acerca de estas icnitas es que si os fijáis, las de la foto parecen improntas de manos. Una huella peor conservada o distorsionada parecería totalmente la marca pentadáctila de una palma humana. Así, otro animal -en este caso un reptil triásico que en principio se denominó Chirotherium “Bestia con manos”– dejaba huellas de palmas hasta con pulgares. Por supuesto, ya en su descubrimiento (1834) los científicos tenían claro que pertenecía a un saurio o anfibio.

Actualmente, cuando se leen artículos sobre “huellas humanas junto a dinosaurios” u otras criaturas prehistóricas como las del río Paluxy en Texas, basta dar un pequeño repaso sobre los datos para constatar que por muy aparente que sea la marca, en ningún caso queda la certeza irreprochable de que sea una bota, sandalia o mano. Prácticamente todas ellas pueden explicarse como huellas distorsionadas por la erosión o la compresión de los estratos, y son usadas por timadores sin escrúpulos para vender algo o llamar la atención. Prácticamente todas.

Visto en SINC.