Arreglos extremos

El mes pasado compré un Mac con los nuevos procesadores Silicon ARM (atención a mi nuevo espacio de trabajo!) El aparatito es fantástico y me ha devuelto la fe en Apple, pero como todas las tecnologías en desarrollo (¿debo aclarar que Apple nos usa como conejillos de Indias y encima pagando?) tiene sus fallos.

Uno de estos fallos me dejó imposibilitado de usar un software vital justo después de la laboriosa migración de quince años de ajustes y personalizaciones de una máquina a otra. Estaba en un punto de especialización en el que nadie podía ayudarme: ni Apple Care, ni Celsys, ni ninguno de los implicados. Así que tocaba lidiar, solo y desamparado, ante una máquina enferma. Tres formateos fueron necesarios; tengo los ojos llenos de hematomas :). Y la situación me recordó el típico recurso de muchas películas -en ciencia-ficción es casi fundamental- del desgraciado piloto/operador que tiene que arreglar un problema o está perdido; y cuando lo tiene se desenmaraña todo de repente y es una alegría.

Los puntos Lagrange, dibujados de forma chula.

Cada sistema de cuerpos en el espacio tiene cinco puntos Lagrange o de libración; representan zonas en las que la atracción de ambos cuerpos se equilibra, de manera que un objeto colocado allí mantendrá una órbita estable sin decaer hacia un lado u otro. El L3 de Mercurio-Sol estaría casi en el lado opuesto del Sol respecto al planeta y es ideal para observar fenómenos de nuestra estrella.

Los humanos hemos puesto bastantes objetos en los puntos L (por ejemplo el Observatorio Solar SOHO está en el L1 Tierra-Sol) pero no hay nada tan cerca del Sol porque, bueno, hace demasiado calor. La Sonda Solar Parker -en la que viaja mi nombre grabado en un chip- se acercará más que ninguna nave espacial a nuestro astro para estudiar la heliosfera, pero ahora mismo anda por Venus (es una misión de siete años de duración).

La Parker es como un coche de grande y evidentemente no va tripulada. Imagino que algún día habrá misiones rutinarias por todo el Sistema Solar, con métodos que ahora harían levantar la ceja a un ingeniero: pero por mucha tecnología que tengamos, no todo es un campo de rosas. Sobre todo, llevar una lanzadera llamada Ícaro 13 cerca del sol es llamar a la desgracia: ya sabemos lo que le pasó al chaval que no era muy lumbreras, como su padre. Estaba entre ese nombre y Faetón, que era otra buena pieza.

Más sobre los puntos L, en Astronoo.

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ObiWan
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