Encontré por ventura el mercadillo callejero más antiguo de España, que ya lo menciona Cervantes en el Rinconete, aunque asaz brevemente; e que incluso podría remontarse a los tiempos de la Reconquista (1248).

Al parecer la pieza arqueológica que tenía en mis manos era un fascinante pene romano de bronce, un amuleto apotropaico y favorecedor de la abundancia.

Un fascinum (o fascinus) es un amuleto fálico que se utilizaba en la antigua Roma para proteger contra el mal de ojo. El fascinum era típicamente un pequeño amuleto en forma de pene, que se podía llevar colgado del cuello o colocado en el hogar. También se creía que el fascinum tenía poderes para aumentar la fertilidad y la virilidad.

Este falo con alitas proviene de Pompeya.

Este amuleto, como tantas cosas romanas, es herencia etrusca; estaba asociado con el dios Mutunus Tutunus, un dios fálico protector del matrimonio y la fertilidad. El fascinum romano se convirtió en símbolo del dios Príapo, un dios griego (el hijo de Dionisos y Afrodita, vaya pareja) asociado a la fertilidad y los jardines.

(La simbología fálica grecoromana se transmitió a dos gestos muy comunes, la higa -puño cerrado con el pulgar metido entre el índice y el medio- y el katapygon -levantar el dedo medio- que son al mismo tiempo ofensivos y defensivos. Es interesante lo popular que se ha vuelto este segundo gesto entre las feministas, es como ver a un cura dibujar un pentáculo invertido para protegerse de Satanás)

El fascinum era un símbolo común entre los romanos. Se podía encontrar en hogares, negocios y templos; también se utilizaba en una variedad de objetos cotidianos, como joyas, cerámica y amuletos. Este tipo de piezas de bronce -algo grandes para llevar encima, tal vez se usaban colgadas en los pequeños altares domésticos- eran muy comunes. De hecho, esta abundancia me hacía pensar que tal vez la pieza era auténtica. A través de la oxidación y la pátina se veía una aleación irregular y un moldeado tosco. Total, que me lo traje a casa.

Después de lavarlo con agua, jabón y alcohol, lo sometí a un tratamiento con Na2CO3+NaHCO3 para eliminar los carbonatos. Afortunadamente las aleaciones de cobre no sufren la corrosión tanto como las de hierro, así que la pieza mantiene su forma original. Todavía está en ello; luego, una estabilización con una capa protectora de cera de abejas, y estará lista para el museo.

Update!

Así de bonito se ha quedado el fascinum: con su pátina verdigris, pero reluciente y sin las asquerosas concreciones blancas que aparecían en los pliegues (carbonato sódico).
El verdigris es un acetato de cobre, estable, que de hecho protege la pieza de metal.

2 comentarios

  1. Elecé… Cuanto tiempo sin saber de ud.

    Tengo que mostrarte un día una pieza que encontré hace un tiempo, parece una parte de un botijo (por donde debe salir el agua), pero sin agujero aparente. Vamos, un enigma muy glande.

    • Igualmente, Mr. Gaona; se echa de menos el Vamos a Morir Todos. A ver si cuando nos jubilemos…
      Echa un ojo a la restauración final, seria, académica. Algunos abogan por recuperar el aspecto de la pieza original (bronce dorado brillante) e incluso restaurar el prepucio original, pero pienso que no es lo correcto.

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