Mis problemas con los Tribulus

Este sábado me fui a dar un paseo por el embalse de Benínar, armado con mi cámara. El entorno del pantano cambia de un año al siguiente de forma radical, y desde el delta limoso lleno de árboles muertos que había hace unos años al bosque de álamos que se está alzando ahora, ha habido una interesante transición. Y como es época de bichos, allí estaba yo con mis lentes macro y la crema para el sol.

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El caso es que chapoteando cerca de la orilla tuve un ligero traspiés…Esto es inhabitual en Benínar, y supongo que puede deberse al movimiento de lodos por la corriente de agua.

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Sólo mis fulgurantes reflejos de Dios-la-reflex-no! permitieron que la Olympus saliera indemne, pero como ya tengo experiencia en entornos similares, no fue difícil salir de allí. Con un detalle: las sandalias se quedaron allí, futuros fósiles a metro sesenta bajo el fango traidor.Bueno, no pasa nada. -pensé- Total, el camino de vuelta hasta la carretera era de piedrecitas ardientes pero transitables. Es cosa de un rato.
Lo que no tuve en cuenta fue la cambiante configuración de la vegetación, el hecho de haber atravesado un pasaje con plantas al entrar (claro, calzado no se nota) y la flora del lugar… concretamente las plantas espinosas: cardos y abrojos.

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No conozco el nombre local del Tribulus terrestris, pero esta planta (usada en herboristería como afrodisíaco masculino) tiene unos frutos que al secarse forman bolitas cubiertas de pinchos, útiles para adherirse como velcro al pelaje de animales y ser transportados. Los pinchos son lo bastante finos y duros como para penetrar la piel, y los pinchazos duelen bastante, como espinitas de cactus.Bueno, pues fueron seiscientos metros de infierno verde atravesando maleza cortante y suelos minados de estas bolitas espinosas… creo que tardé casi una hora en llegar resoplando al coche. Todavía tengo los pies febriles y llenos de púas rotas.

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Eso sí, pude fotografiar algunos ejemplares de Mylabris quadripunctata en su época de mayor dispersión. Este coleóptero es familia de la mosca española o cantárida, y como todos los meloeidos segrega al ser molestado un veneno, cantaridina, que en los humanos provoca priapismo. Entre eso y los Tribulus podría haber hecho un buen mejunje, en caso de necesitarlo: que no. 8)

El primero que descubra el juego de palabras del título se lleva unas orejas de Spock de cartón.

4 comentarios

    • Oéeee qué rápido! No me lo puedo creer… y es que ese episodio es de los históricos, como el del lagarto Gorm, Pike el paralítico o la bailarina verde.

      Nada, haré un recortable de orejas vulcanas.

  1. Así no hay manera…!! xDD

    Yo últimamente pienso en llevar una muda completa en el coche, por si las moscas me pasa una de estas… 🙂

  2. todo el que se cruzara contigo pensaria: » mucha reflex, mucha macro, pero no tiene dinero ni para comprar unas simples sandalias…» jajaja!!!

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