Los ictiosaurios eran un orden de reptiles de vida acuática que vivieron hacia el mismo tiempo que los dinosaurios (entre el Triásico inferior, 245 millones de años atrás, hasta el Cretácico superior, algo antes de la extinción masiva). Al igual que los pterosaurios, no eran dinosaurios sino que formaban una rama propia de los reptiles. Por lo tanto, por mucha pluma que se le quiera asignar a aquéllos, los ictios no iban emplumados 🙂

A diferencia de otros reptiles acuáticos como los elasmosaurios, mosasaurios, plesiosaurios, etc. los ictiosaurios estaban tan bien adaptados a la vida marina que habían recuperado la forma de sus antepasados peces: un cuerpo fusiforme e hidrodinámico, aletas triangulares en la espalda y la cola, patas transformadas en dos pares de aletas natatorias. También eran vivíparos: sus crías se desarrollaban en el vientre materno y daban a luz en el agua.

Había ictiosaurios en todos los entornos acuáticos: comedores de moluscos de fuertes dientes, piscívoros con mandíbulas erizadas de agujas, con enormes ojos blindados para soportar la presión de las profundidades… al no tener las limitaciones de osmorregulación de los peces, podían vivir en agua dulce o salada, aunque conocemos más de los marinos porque las condiciones de fosilización son mejores.

Representación caricaturesca del siglo XIX: ictiosaurios interpretando un fósil humano
Representación caricaturesca del siglo XIX: ictiosaurios interpretando un fósil humano

Y siempre se los ha pintado como peces. De hecho, las reconstrucciones (excepto las más antiguas que los planteaban como una especie de focas de largo hocico) han atendido siempre a la similitud estructural con tiburones y delfines, lo que se llama convergencia evolutiva: dos formas de vida independientes expuestas a un mismo ambiente desarrollarán soluciones similares, entre ellas su aspecto físico.

Pero, ¿realmente eran así? ¿Por qué no podían ser como focas hocicudas, o tal vez como pingüinos (y tener plumas)? Bueno, como hemos dicho antes, hay fósiles realmente buenos en areniscas de grano fino y prácticamente desde el siglo XIX se han venido recogiendo ejemplares en los que se ve, sombreada por la materia orgánica, la silueta de la carne del animal alrededor del esqueleto.

Así sabemos por ejemplo, cómo era la aleta caudal (la cola se inclinaba hacia abajo) que tenía aletas dorsales como los tiburones (esto no se ve en las primeras reconstrucciones) y tenemos el magnífico y triste fósil de una mamá Stenopterygius dando a luz ya muerta, lo cual sirvió para probar que estos reptiles eran vivíparos.

Un ejemplar de ictiosaurio de Holzmaden, con la silueta negra dejada por la materia orgánica
Un ejemplar de ictiosaurio de Holzmaden, con la silueta negra dejada por la materia orgánica

Hace poco, estudiando los restos de pigmentación de ejemplares juveniles de este mismo género (Stenopterygius) se vio que eran homogéneamente oscuros; pero por lo que acaban de descubrir ahora sabemos que los adultos tenían la panza más clara, como casi todos los animales marinos, para camuflarse visualmente: desde abajo claros, como el resplandor de la superficie, y desde arriba oscuros para confundirse con el fondo. ¡Este camuflaje o cripsis también sirve como termorregulador y protector solar!

El famoso ejemplar -hay otros- con la cría naciendo a la manera de los delfines: la cabeza al final para que no se ahogara si se atascaba al salir.
El famoso ejemplar -hay otros- con la cría naciendo a la manera de los delfines: la cabeza al final para que no se ahogara si se atascaba al salir.

Este estudio lo realizó un equipo de la Universidad de Lund (Suecia) sobre fósiles de Stenopterygius de las famosas calizas litográficas de Holzmaden, en Alemania, un lagerstatte de un nivel denominado Posidonienschiefer; es decir, un yacimiento de excepcional calidad en una zona marina de aguas someras colonizada por Posidonia*.

Los ejemplares están tan bien conservados que la piel -desnuda y sin escamas- aún está flexible y muestra todos los detalles de la estructura de la dermis y epidermis. Aquí se recogieron los restos de queratinocitos conteniendo eumelanina, que en su distribución irregular confirman el color oscuro del dorso (aunque no sabemos si sería negro o gris o azulado) y la barriga blanca. También se descubrió otra cosa importante: grasa.

La grasa subcutánea tiene gran importancia entre los mamíferos y aves marinos actuales en términos de flotabilidad, deslizamiento en el agua y aislamiento térmico. Esto nos muestra a unos ictiosaurios mucho más parecidos a los delfines de lo que pensábamos, y muy probablemente -al igual que sus primos dinosaurios y pterosaurios- serían animales homeotermos, con una temperatura corporal superior a la del medio acuático y unas tasas metabólicas elevadas.

Soft-tissue evidence for homeothermy and crypsis in a Jurassic ichthyosaur, en Nature

* Esta Posidonia no es la planta acuática que conocemos de la playa (que apareció en el Cretácico, es más moderna) sino un tipo de almeja, también llamada Posidonomya bronni.