De flores y sapos inmigrantes

Una bonita historia acerca de cómo funciona la naturaleza.
Hace mucho tiempo (1935) algunas personas descuidadas llevaron a Australia  sapos gigantes (Bufo marinus) para controlar la plaga de escarabajos de la caña de azúcar. No sabían lo que estaban haciendo… como casi todas las historias ecológicas de Australia, es una mezcla de película de desastres con comedia de enredo.

El sapo marino, sapo de caña o sapo gigante es un batracio duro. De piel seca y resistente, come mucho yde todo y es muy prolífico. Además es grande y sus glándulas venenosas (segregan una sustancia lechosa llamada bufadienolida, letal incluso para el hombre) lo hacen un bocado mortal para cualquier depredador. Aparece en la lista de las 100 especies invasivas más dañinas del mundo, pero esto en los años ’30 no se sabía.

El resultado es que la fauna australiana se trastocó. Depredadores de tamaño pequeño y mediano que intentaban comerse estos sapos, los renacuajos o los huevos, como el satanelo septentrional (Dasyurus hallucatus) el cocodrilo (Crocodylus johnstoni) el varano goanna (Varanus variuso el escinco de lengua azul (Tiliqua scincoides) morían por centenares.

Las autoridades se alarmaron. Se intentaron métodos como, por ejemplo, adiestrar satanelos con sustancias amargas para que aprendieran a no comer sapos. Se hacían recuentos que sólo testimoniaban la desaparición de especies a medida que los sapos venenosos se iban extendiendo.

Por otro lado, existe una planta, Bryophyllum delagoense –inmigrante de Madagascar que también ha medrado en Australia- que forma parte de la dieta de los escincos que hemos comentado. El escinco es una especie de lagarto gordo de patas cortas y medio metro de largo, que seguramente coma huevos y renacuajos más que adultos, ya que son insectívoros que no le hacen ascos a un poco de carne o una verdurita. Por ejemplo, las flores de Bryophyllum. Y resulta que esas flores producen un alcaloide muy similar a la bufadienolida del sapo.

Así que, en los últimos repasos de la población, se han descubierto escincos que pueden sobrevivir a la ingesta de sapos: han adquirido resistencia a la toxina debido a su dieta de flores.

Como la susodicha planta lleva menos de cien años en territorio australiano, y los escincos tienen una generación cada dos a cuatro años, estaríamos hablando de un remodelado genético extraordinariamente rápido. Pero cuando la necesidad aprieta… las otras especies lo tienen más complicado ya que ni los cocodrilos ni los varanos comen flores. Estos detalles casuales son los que a la larga deciden la supervivencia de una especie.

Visto en NewScientist.