El mundo del silencio!

Esta postura es totalmente antirreglamentaria!De mis tiempos precoces, recuerdo que quería ser hombre rana como los que bajaban con Costeau a esas aventuras en los siete mares. Más adelante, con la madurez que dan los años, descarté estas fantasías junto con las de expedicionario, arqueólogo, dibujante, astronauta, piloto y tantas otras que se tienen antes de los diez años: el Mundo Real no permite esas cosas, en todo caso tendrás suerte si encuentras un trabajo estable que te permita mantener a tu familia hasta que te jubiles.

Ahora estoy sacándome la licencia de buceador y el fin de semana hice mi primera inmersión en el mar. Al Mundo Real que le den.

Hay que reconocer que esto del buceo es más complicado de lo que parece, incluso intimida: una gran cantidad de procedimientos y cacharros son sistemas de seguridad para prevenir los peligros evidentes -y otros no tanto- de la inmersión en un medio diferente. En mi primer prueba de equipo en piscina pude comprobar lo extenuante e incómodo que es el equipo fuera del agua. Dentro de ella sólo resulta confuso, pero no más que llevar una mochila al ir de acampada. A la espalda cargas con doce kilos de botella de aire, más un montón de tubos y presillas colgantes. Un cinturón con varios kilos de plomo en pastillas (en mi caso diez) ya hacen la carga más seria; sumemos a eso el traje de neopreno -versión x-men del Saunatronic 2000- y unas gafas con tubo colgando del cuello. Las aletas se ponen al final, gracias a Dios.

Lo sorprendente al bajar es el tema de la presión ambiente. A tres metros se te tapan los oídos como cuando vas en un reactor; a seis metros (lo máximo que he llegado de momento) te duelen, y la sensación es la de una sinusitis de concurso. Luego se quita… ¿o lo parece? El fondo es tan entretenido que esas molestias quedan enmascaradas por lo que ves. ¡Ves pececillos, y jibias! Y sepias! Y potas! Yo por lo menos lo hice.

Y es que la prueba de mar es como más… realista. Una Zodiac bamboleándose un rato en el mar no es un buen preparativo, más si te estás cociendo lentamente al sol en tu funda de plástico apretada. Pero el mar es impredecible, y también se pueden ver cosas raras,como una jaula de cría de peces flotando a la deriva: una estructura hueca de unos cinco metros de diámetro que se había soltado de sus jaulas hermanas e iba peligrosamente hacia la orilla. Aquella cosa -solitaria y sin control- tenía algo de enigma, como un aperitivo del Triángulo del Diablo. Me pregunto cuántas cosas extrañas verán aquellos cuyo trabajo los haga pasar semanas enteras en el mar…

Para obtener el carnet me faltan unas cuantas pruebas, y el descenso máximo creo que es 20 metros. Inquietantes profundidades, más ahora que he tanteado con el pie la experiencia: es muy interesante, pero no se lo recomendaría a todo el mundo. Ya iré contando cositas, y como no tengo cámara de fotos (me da miedo sumergir mi OM-510 envuelta en bolsas de Carrefour) tendré que hacer dibujos, como en las viejas historias de marinos.Ya sabéis: Krakens y cosas de esas. A ver qué pasa.

3 comentarios

  1. Mola…!!!

    Da gusto hacer esas cosas que querías hacer de chico ahora que tienes pelas y posibles para hacerlas…

    Es como quitarte una espinita… 🙂

  2. Qué chulo. Espero esos dibujos con impaciencia 🙂
    A mi también me encantaría hacer submarinismo, pero creo que antes tendría que intentar quitarme la fobia a los peces 😀 (o a lo mejor el submarinismo es precisamente la mejor terapia para eso, quién sabe).

  3. Uy, lo que se ve son mayormente peces pequeñitos. Supongo que el miedo tuyo será a esas «sombras» que pasan a la distancia… a mí me pasa igual, el leer todos los Mitos de Cthulhu siempre deja cicatriz. Pero una vez que estás abajo se te quita el miedo.

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