El pico de las palomas no es una brújula

palomaEs de conocimiento popular que las aves en general se orientan tan bien en vuelo porque de alguna forma «sienten» los campos magnéticos de la Tierra. No son los únicos animales dotados de magnetorrecepción: también lo tienen tortugas, abejas, hongos y bacterias, y hasta el hombre (presumiblemente). No tiene nada de místico, al fin y al cabo también percibimos el campo gravitatorio y su orientación, aunque dicho así suena a poderes extrasensoriales. Cierto es que el mecanismo aún no está muy bien definido, pero sin duda está asociado a acumulaciones de hierro. En el caso de las palomas (Columbia livia) estos sensores se atribuían a los paquetes de células ricas en magnetita que estas aves tienen en el pico superior.

Pero un reciente estudio publicado en Nature, dirigido por David A. Keays y un equipo de varios institutos,  parece concluir que esos paquetes ricos en hierro realmente no contienen magnetita y sí están asociados a macrófagos; es decir, forman parte del sistema inmune de las aves y de los mecanismos de homeostasis del hierro igual que nuestros hígados. ¡Así pues, seguimos sin tener claro el mecanismo de brújula de las palomas! Lo que hace más difícil probarlo aún es que las aves usan también el sol y las estrellas como métodos de orientación alternativos. Todo ello con el único fin de localizar nuestro coche y cagarse en el parabrisas.

Clusters of iron-rich cells in the upper beak of pigeons are macrophages not magnetosensitive neurons, en Nature