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El percebe común (Pollicipes pollicipes) es un freak de la naturaleza. Forma parte del variado subphylum Crustacea, que abarca cangrejos, gambas, pulgas de agua y tantos otros artrópodos acuáticos de múltiples patas y casi siempre deliciosos; pero no lo parece. La adaptación de su cuerpo a la vida tranquila -vive en la zona intermareal, donde a veces queda al descubierto- está llevada a extremos, aunque no es raro ver esto en otros animales (bálanos, anémonas, crinoideos). Nadie que viera un percebe caería en la cuenta de que está emparentado con los cangrejos: sus patas se han convertido en una especie de plumas que recogen partículas de comida del agua agitada por las olas; la mayor parte del organismo está apretado en la «uña» del percebe, mientras que el pedúnculo gomoso le sirve para fijarse a la roca. Los órganos sensoriales están atrofiados y carece de corazón. Y resulta que son hermafroditas, aunque tienen que copular con otr@s percebes para reproducirse.
Hasta ahora se pensaba en el difícil acto sexual del percebe con cierta pena, ya que su pareja necesariamente tiene que estar al alcance de su limitadísimo cuerpo y del gigantesco pene de que disponen – como ya reconoció Darwin en 1854 (The Balanidae (or Sessile Cirripedes); the Verrucidae, etc. A Monograph of the Sub-class Cirripedia, with figures of all the species.London,UK:The Ray Society) los cirrípedos tienen en proporción los penes más grandes del reino animal.
He aquí una cópula clásica: percebe-uno busca al tacto a percebe-dos, lo insemina… y sigue buscando víctimas, el muy pillín.
¿Para qué te sirve un enorme pene si no sales de casa? Esa pregunta (que ronda mi cabeza a menudo) ha tenido respuesta al descubrirse ahora que los percebes (al menos una especie del Pacífico, Pollicipes polymerus) no necesitan fecundarse internamente, sino que también pueden hacerlo desparramando su semen en el agua sobre todos sus compañeros. Incluso en bajamar, como puede apreciarse en esta foto:

Si bien muchos otros animales utilizan la fecundación externa, durante 150 años los científicos -incluyendo a Darwin, que adoraba los percebes- creyeron que estos crustáceos tenían que penetrar el manto del otro para fecundarlo. De hecho, pensaba que se autofecundaban, ya que a veces se observan individuos aislados.
Curiosamente, en la Edad Media también se creía que el percebe era la fase larvaria del ganso salvaje; sí, el pájaro (Branta leucopsis). De hecho el nombre común aún es el mismo en inglés, barnacle. Esto era en parte por desconocimiento de las costumbres del ave, y en parte porque así se podía comer ganso en Cuaresma y viernes, ya que ¿acaso no era un marisco?
Visto en Science News.
La información completa en: Something Darwin didn’t know about barnacles: spermcast mating in a common stalked species – Proceedings of the Royal Society



