Frecuencias

Hace algún tiempo se publicó la noticia de que unos delfines hablaban el lenguaje de las ballenas en sueños… dejando a un lado el llamativo titular, lo que parece que hacían estos delfines en su fase de sueño REM era repetir los  «vocablos» cetáceos, más fáciles para ellos que la gutural lengua humana. Si el delfín tuviera un sistema vocal más parecido al nuestro, sin duda que hace tiempo que podríamos comunicarnos con ellos, al menos de una manera elemental pero bastante más avanzada que con loros (bastante inteligentes y que pueden imitar nuestros vocablos) o simios (con una inteligencia mucho más similar a la nuestra que los loros, pero sin un sistema de habla adecuado). Lo contrario sí que es imposible: nosotros no podemos hablar delfín.

Esto se debe a que la resolución auditiva de los delfines es muy superior a la nuestra: en lo que nosotros oímos como un par de gorjeos y silbidos, puede haber una cantidad extraordinaria de información discurriendo en capas de frecuencias altas. Como si oyésemos un antiguo modem transmitiendo, no tenemos el equipo auditivo necesario para procesar esa información.

Porque, reconozcámoslo, nuestro equipo sensorial no es de los mejores. El olfato lo tenemos bastante malo y la vista es mediocre, ya no solamente en nitidez o visión nocturna: muchas aves tienen una resolución temporal visual altísima. Es decir: ven más rápido que nosotros. La frecuencia de parpadeo -necesaria para que nuestro cerebro interprete la diferencia entre dos imágenes como «movimiento»- en humanos debe ser superior a 50 Hz. (el cine, por ejemplo, tiene una frecuencia de 24Hz y la tele, 25Hz o 25 fotogramas por segundo). La frecuencia de parpadeo de los pollos llega a 83Hz. Un pollo no vería bien una película: seguramente la percibiría como una animación deficiente, estilo cine mudo o zoótropo.

Todo esto no significa que los animales sean superiores a nosotros* ni implica que los delfines tengan una especie de inteligencia mística: simplemente indica que han desarrollado unas habilidades específicas hasta un punto que no sólo sobrepasan nuestra calidad de percepción, sino que se hacen totalmente incomprensibles. Cuando nos planteamos un contacto con una inteligencia alienígena siempre se muestran ejemplos de descifradores o traductores universales, pero podemos llegar a toparnos con cosas que ni siquiera seamos capaces de percibir como entes comunicativos. Por no hablar de inteligencias artificiales cuya capacidad de procesado de información, cuando comiencen, será superior a la nuestra (otra cosa es que sus diferentes capas lógicas y el interfaz de comunicación exterior que implica una consciencia ralenticen la propia IA, convirtiéndola en un ser tratable pero torpe como nosotros).

Esto podría cambiar con la introducción de modificaciones tecnológicas. Los sistemas de visión para invidentes actualmente en pruebas, que estimulan directamente la retina  o el nervio óptico, podrían con el tiempo hacernos percibir con una resolución más alta que la que tenemos. Actualmente la tecnología ya suple con creces nuestras necesidades visuales, porque no podemos distinguir ni de lejos los 16.777.216 de matices que genera un sistema de 24 bits, ni separar la densidad de pixeles de una pantalla Retina (326 ppp). Un sistema visual artificial con esas prestaciones daría a su usuario una visión privilegiada, por no hablar de la posibilidad de ampliar la percepción a otras gamas del espectro electromagnético. (Para hacerse una idea humilde de lo limitado de nuestra percepción, este gráfico-comic de AbstruseGoose).

Aún faltan décadas para que podamos tener Ojos de Águila, pero la pregunta es: ¿Estaremos preparados para lo que veamos?

* Tampoco se ha demostrado que la inteligencia (humana por ejemplo) tenga un valor especialmente alto para la supervivencia de un organismo, por muy mal que nos siente.

Visto en io9.