Cada vez que refresca un poco, pasa lo mismo. El truco del Reverso Fresquito de la Almohada es anulado cruelmente…


Como en otros otoños, la diferencia de temperatura entre los gatos y los humanos lleva a estos problemas. La temperatura corporal de un humano es de aproximadamente 36,9ºC. Si el entorno está a esa temperatura pasamos calor, porque además tenemos un calor residual metabólico. La de un gato está entre 38º y 39ºC. Es decir, que la percepción de mis gatas es la de frescas noches otoñales (hay que taparse) y la mía es de sofocantes noches de fin de verano.



