A la vista de las sombras fosilizadas en los yacimientos de Ediacara (Australia) y Burgess Shale (Canadá) con formas de vida tan extrañas a la fauna terrestre actual, siempre me he planteado: ¿Qué aspecto tendrían en carne y hueso aquellas criaturas, cuando aún no estaban bien diferenciadas las líneas entre artrópodos (por ejemplo ciempiés), moluscos (por ejemplo sepias) y anélidos (por ejemplo lombrices)? El único bicho viviente que se podía parecer es el peripato, un fósil viviente que vive bajo las piedras (tiene poca dispersión pero se conocen 165 especies! Nada mal para un modelo con 540 millones de años).
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Bueno, esta nueva especie (Teuthidodrilus samae) no es ningún fósil viviente: es un gusano poliqueto de unos nueve centímetros que vive en el mar de las Célebes (Indonesia) a 3000 metros de profundidad. Fue descubierto hace tres años por un robot y analizado por un equipo del Woods Hole Oceanographic Institute en Massachusetts y el Scripps Institute of Oceanography de California (USA). Pero tiene un diseño peculiar; es un gusano, pero tiene esas estructuras branquiales como remos rígidos que preludian las patas de los artrópodos: cada sección tiene un parapodio musculoso a cada lado que agita las largas pelusas de quitina rítmicamente, permitiendo al gusano nadar.
Además este Teuthidodrilus tiene otro detalle singular: diez tentáculos que le salen de la cabeza, casi tan largos como el cuerpo. No son tentáculos de pulpo, sino unas estructuras peculiares llamadas notoquetas, que le sirven para atrapar comida y oler. De ahí el nombre común de gusanos calamar (squidworms) que le han dado.
Video en el Guardian



