Ayer por la tarde me encontré un diminuto gusanito, verde brillante, rodeando la tapa del cubo de la basura. Le ofrecí un trozo de ciruela, ya que tenía toda la pinta de ser una larva de polilla de la fruta, y la aceptó; así que los coloqué a ambos en un terrario que tengo.
Esta mañana voy a tirar algo y ¡Oh! Me encuentro al gusanito de vuelta en el cubo de la basura. Sin duda conocía el camino, pero tuvo que atravesar tres metros de distancia con desniveles, abismos inmensos y además escapar de un terrario de cristal. Nada mal para un bicho de un centímetro de largo.
Así que volví a darle ciruela, y más tarde lo llevé a una higuera fuera de casa a que termine su ciclo vital. No sin antes echarle un par de fotos con el teléfono.
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La sesión fotográfica se hizo mediante el truco de colocar un cuentahilos (una lupa de 10x) delante de la lente del iPhone, convirtiendo al dispositivo en un teléfono extremadamente miope. No tiene la calidad de una macrofotografía hecha en condiciones, pero para salir del paso, es un truco válido! Al fin y al cabo, las fotos de un móvil no son para exposición.






