La inteligencia de los hongos viscosos

Hablando sobre la inteligencia de los pulpos no puedo dejar de recordar a esos seres unicelulares, los hongos viscosos Physarum. Son masas mucoides de células apiñadas que se comunican entre sí con señales químicas, comportándose como un solo gran organismo amorfo y palpitante. Se parecen a una flema recién escupida y se arrastran a gran velocidad (un centímetro por hora, no está mal para un hongo) en busca de nutrientes.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=8HN86pEfNc8[/youtube]

(En esta película se ven unos hongos formando una red para canalizar alimento, que son trocitos de avena. Les encanta la avena, pero ¡ojo! la avena instantánea en copos los mata.)

Redes como ésta han demostrado ser tan eficaces como las que los humanos elaboramos para el transporte, como demostraron unos japoneses hace poco superponiendo una colonia de estos mohos a un plano de Tokio. Los barrios más densos fueron representados con avena y los obstáculos naturales con focos de luz intensa, que el hongo detesta. Resultado: la maraña generada por el hongo era increíblemente similar en distribución y densidad a la red de metro.

Un experimento de 2008 ofrecía a una de estas colonias de Physarum una hora de luz y calor en un confortable plato de Petri con comida;  pero los diez primeros minutos de cada hora eran sometidos a un frío seco, que provocaba la retracción del hongo. Al cabo de tres horas los científicos estabilizaron la temperatura, pero el hongo seguía arrugándose durante esos diez minutos demostrando lo que los investigadores definieron como «una extraordinaria capacidad de aprendizaje» (además de un sentido del tiempo que más de uno quisiera).

Estos experimentos están llevando a una nueva definición de la inteligencia y de los mecanismos que definen la consciencia y el intelecto, dentro de los cuales debemos admitir que muchas cosas son más listas de lo que creíamos – o que nosotros somos más bobos!

El experimento, en Discover Magazine