Las cosas del pantano

agua

En verano voy buscando sitios frescos y con agua para pasear, pero la playa no me atrae demasiado. Masificada hasta el límite (no solamente por las familias numerosas sino por esa clase singular que busca «la cala solitaria que-sólo-yo-conozco«) resulta agradable en dosis cortas, pero no para estar horas y horas. Puede ser por mi pellejo sensible al sol; puede ser porque si no juego en el agua o hago pozos en la arena me aburro. No sé, el caso es que no busco playa: busco ríos y lagos.

Así que estos últimos veranos me he recorrido todos los sistemas hídricos en kilómetros a la redonda: Negratín, Guadalhorce, Benínar, Río Aguas, Río Tinto, Fuente de Piedra, Doñana, Tablas de Daimiel, Ruidera… cada uno distinto del otro y todos llenos de cosas interesantes.

En el pantano del Negratín, justo bajo la presa, hay un pequeño lago rodeado de cañaverales del cual surge un río de aguas heladas, con bastante corriente. Andando por allí vi que el lago se alimenta de una corriente de agua que brota de… una cueva, medio sepultada por la vegetación. Una cueva enorme.

cueva

No sé si la cueva es de origen artificial, pero desde luego estaba bastante retocada. Con unos ocho metros de ancho por otros tantos de alto, el agujero excavado en la roca se perdía en la oscuridad: menos mal que siempre llevo una linterna conmigo. ¿Qué habría al fondo? Tampoco podía meter la cámara de fotos, así que lo dibujo.

La respuesta es que nada espectacular, aunque era llamativo: apuntalada de estructuras metálicas corroídas y restos de madera podrida, la parte más profunda de aquel túnel consistía en una gigantesca ducha de agua helada que chorreaba del techo y paredes, más algunos surtidores de gran fuerza que brotaban de grietas en la roca. No era extraño que la corriente tuviera tanto ímpetu: toda aquella agua venía atravesando el macizo rocoso filtrándose desde el embalse (y de los terrenos superiores). Pero el manantial no tenía vida. Ni musgos ni helechos podían sobrevivir en aquella oscuridad total; algunas palomas anidaban cerca de la entrada, y los murciélagos ocupaban el fondo.

Negratín Cave, 2

-Embalse del Negratín.jpgEn la cola del pantano encontré más cuevas, algunas habitadas como podéis ver! Un enorme delta cubierto de vegetación era hogar de cabras y conejos, patos, garzas y otras cosas más letales como atestiguaban las bolas de pelo y esqueletos de conejo desparramados en los roquedos. Gordos cangrejos de río se ocultaban en el barro y las pollas de agua huían ante mi presencia con estrépito: no había nadie más. En el agua turbia asomaban los lomos plateados de las truchas y cardúmenes de cientos de pececillos grises. Tanta exuberancia de vida a muy poca distancia del característico secarral lleno de olivos y suelo estéril, qué cosas tiene la naturaleza.

El pantano del Negratín está en la carretera de Baza a Pozo Halcón, camino de la Sierra de Cazorla. Desde Almería serán unos 160 km; es una bonita excursión para pasar el día. A la cola se accede por el pueblo de Zújar, en el desvío que hay antes de llegar a la presa.

3 comentarios

    • Tengo, tengo…
      Pero es que me han hecho así, no puedo ver un camino sin asomarme a ver qué hay al otro lado. La misma «enigmofobia» de Internet la tengo en el Mundo Real. Y las cuevas, bueno, intento penetrar en cuantos agujeritos puedo. 👿

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