Desde hace años -demasiados- es sabido que las plantas con flores o Angiospermas (que constituyen la vegetación dominante en el planeta hoy día, al menos en variedad y distribución) tuvieron su origen en el Cretácico tardío, conviviendo temporalmente con los dinosaurios hasta el evento de extinción hace 65 millones de años. Esto ha llevado a muchas teorías relacionando una cosa con la otra: que si los dinosaurios murieron de estreñimiento por comer plantas con flores, que si fue alergia, que la expansión de las angiospermas y sus compinches los insectos polinizadores ocurrió al desaparecer gran cantidad de depredadores, etc.
La idea general -al menos para un ilustrador o el planteamiento de una película- es que nunca pongas dinosaurios y flores juntas; pinos, helechos, tal vez alguna seta y como mucho un laurel o una magnolia (como la que pintó Zallinger entre las patas de un T-rex en el famoso mural del museo Peabody, ya en 1947). Pero como casi siempre pasa, los orígenes de las cosas suelen estar algo más atrás de lo que se piensa.
Los paleontólogos chinos llevan desde la década pasada presentando pruebas de plantas fosilizadas que podrían haber sido por su diseño una rama basal de las plantas con flor: Archaefructus es una hierba acuática hallada, cómo no, en los fabulosos lagerstätt de Liaoning, de hace 124 millones de años. Pero Archaefructus (reconstruido en el dibujo de la izquierda) no presenta pétalos ni sépalos: difícilmente se podría presentar un ramo con ella.
La semana pasada Else Marie Friis presentó en el Congreso Internacional de Botánica en Melbourne (Australia) una delicada impresión fosilizada en arcilla cretácica sueca de hace 85 millones de años. El ejemplar pudo verse mediante rayos X y es una diminuta flor (3 mm.) en forma de trompetilla. La estructura de la flor es una de las más trabajadas de toda la anatomía botánica; para llegar a este punto desde los ramilletes desnudos de Archaefructus tuvieron que pasar cuarenta millones de años. La planta aún no tiene nombre, pero queda claro que los campos de los dinosaurios pudieron haber sido más coloridos de lo que creemos.
Archaefructaceae, a New Basal Angiosperm Family en Science.
Noticia en New Scientist.



