Las raras costumbres de los tiburones fósiles

Un reciente trabajo sobre fósiles de coprolitos del Mioceno de Maryland arroja nueva luz sobre las extrañas costumbres de los escualos de hace unos 15 millones de años.

Un coprolito es la forma elegante de describir una mierda fósil, algo que está a medio camino de un fósil auténtico y una huella; no son hallazgos inusuales. En ocasiones es difícil asignar un tipo de excremento a un animal determinado, y en este caso parece proceder de algún vertebrado marino carnívoro, tal vez un cocodrilo o un cetáceo. Los dos ejemplares tienen una característica inusual: las marcas de la dentadura de un tiburón, impresas a una profundidad de 3mm. en la -en sus tiempos- cremosa sustancia.

Varias especies de escualos habitaban el mar que ahora ocupa Maryland en el Mioceno: tiburones tigre, makos, tiburones de arrecife y algún Megalodon que otro. Por lo visto eran bastante abundantes en aquellas aguas, a juzgar por la cantidad de dientes fósiles que se encuentran en los acantilados.

El enigma es: ¿Por qué un tiburón mordería una caca? y ¿Por qué la ha dejado, sin tragarla? (Bueno, esto último es comprensible). La idea, vista la costumbre de los tiburones actuales de atacar por debajo y morder el vientre de la presa para debilitarla, es que el bicho atacó a la presa y al clavarle los dientes perforó el intestino. Luego el cocodrilo o delfín soltó lastre, por así decirlo, que fue a parar al fondo del mar donde se fosilizaría conservando las impresiones dentarias intactas. Se desconoce el destino del pobre cocodrilo, igual el tiburón se alejó escupiendo y lo dejó en paz.

(Por cierto, yo detesto que me pongan las sardinas y pescadillas sin eviscerar).

Visto en el blog de Brian Switek.