A la noticia del descubrimiento de las huellas más antiguas dejadas en el lodo precámbrico en Canadá habría que hacerle un inciso: sí hay cosas vivas que pueden desplazarse sin estar muy organizadas. En la foto de la izquierda, Syringammina fragillissima.
Esta hermosa criatura es un xenofióforo -en griego: El Que Porta Cuerpos Extraños- y forma parte del grupo de los Foraminíferos, cuyos delicados esqueletos han formado cordilleras enteras en nuestro planeta. Syringammina está compuesto por una sola célula de un tamaño entre una pelota de golf y una sandía pequeña; y aunque se descubrió su existencia hace tiempo (en la expedición del Triton en 1882) poco sabemos de estos seres. No se sabe qué come; posiblemente haga pasar agua con nutrientes por sus muchas vacuolas y pliegues. Segrega un moco pegajoso con el que van agregando conchas, arena y trocitos de cosas mientras ruedan por el fondo -como el juego Katamari Damacy– creando así una coraza protectora. Pero son tremendamente frágiles, y ningún ejemplar recogido ha sobrevivido mucho.
No se sabe cómo se reproduce: los foraminíferos suelen alternar entre reproducción sexual y asexual (y luego los humanos nos creemos originales!) pero nadie ha visto a estas pelotas copulando o escindiéndose en dos.
También les gusta acumular cristales de sulfato de bario. Tal vez formen parte de su red para criar bacterias, una de las posibles formas de alimentación que se supone que tiene. No necesitamos remontarnos a las misteriosas criaturas de Ediacara para descubrir lo poquito que sabemos de este mundo…
Visto en Cais de Gaia.



