Tradicionalmente, la ciencia daba por hecho que los pobres pulpos veían el mundo en blanco y negro. Pero una nueva y fascinante teoría podría indicar que sí son capaces de distinguir los colores -aunque de una forma totalmente distinta a la nuestra.
Los biólogos han sido capaces, a lo largo de un par de siglos de estudio anatómico, de descifrar la forma en que otros animales ven el mundo; ya que no todos los ojos son iguales, desde los sencillos fotorreceptores de algunos gusanos y medusas hasta los complejos sistemas ópticos de vertebrados, moluscos e insectos. Por ejemplo, sabemos que perros y gatos perciben el color de peor manera que nosotros, aunque no es cierto que no los distingan (el viejo mito pseudocientífico de que el toro no embiste el color rojo porque ve en blanco y negro).
Como gatos y perros
Las células receptoras de la retina, los conos y bastoncillos, se distribuyen de diferente manera. Los bastoncillos son sensibles a la intensidad de la luz: una retina bien dotada de estos elementos tendrá una visión nocturna estupenda (como los gatos). Los conos, por otro lado, se activan con diferentes longitudes de onda, es decir -hablando de la banda de luz visible- los colores. La mayoría de los mamíferos disponen de dos tipos de conos, unos con un pigmento llamado cianopsina que es sensible al azul, y otros con cloropsina que es sensible al verde. Esto da una visión dicromática, que hace que confundan el verde y el rojo. También, la abundancia de bastoncillos les permite ver mejor los objetos en movimiento -perciben con más nitidez, algo así como el modo Matrix o el bullet mode de algunos videojuegos- pero cuidado, también hace que vean peor los objetos que se mueven despacio.
La del pulpo
Los cefalópodos son un grupo de moluscos muy especializados que disponen de unos ojos magníficos. Pulpos, calamares y sepias tienen un iris de extraño diseño, un cristalino, una cámara con líquido y una retina bien colocada (no como la nuestra que está del revés). Pero hay un problema: no disponen más que de un tipo de fotorreceptores, llamados rabdómeros, cuyo pigmento es la rodopsina. Esto significa visión en blanco y negro -bueno, en escala de grises- sin más remedio. Se han hecho pruebas de comportamiento y por lo visto los resultados corroboran esta idea. La excepción, el calamar de aguas profundas Watasenia scintillans, que sí tiene tres tipos de pigmentos fotosensibles.
Pero entonces, ¿cómo integran el color a su camuflaje estos animales? Es decir, para ajustar los tonos de los cromatóforos de su piel para camuflarse en un fondo arenoso amarillento o un coral azul, tendrá que detectarlos de alguna manera. Y también, los calamares usan complejas exposiciones cromáticas en su cuerpo para comunicarse. Es un poco contradictorio que no sean capaces de distinguirlos.
Aberraciones (cromáticas) de la naturaleza
Aunque poco conocido, el término aberración cromática se refiere a un defecto bastante popular: en cámaras fotográficas malas (Lomo, te hablo a ti!) cámaras malas de teléfonos móviles, fotos hechas con lupas y microscopios, se ve una especie de halos. Son especialmente molestos a medida que nos alejamos del centro de la foto, y si nos fijamos, su color es verde hacia un lado y rojo hacia el otro.
Esto se debe a que las diferentes longitudes de onda de la luz reaccionan de diferente forma ante una lente: unas se enfocan más adelante y otras más atrás del plano focal. Eso hace que el mismo objeto se vea bien a una distancia, pero sus verdes estarán demasiado cerca y sus rojos demasiado lejos, desenfocándose y creando halos. Este «defecto» lo corregimos con lentes apocromáticas o ajustes de software.
Pero los cefalópodos podrían utilizar esto como una forma de distinguir las diferentes longitudes de onda, y tal vez, de una forma más eficiente que la nuestra. Por eso he entrecomillado lo de «defecto» antes: es una información que no podemos utilizar y nos resulta molesta, ruido, pero es información sobre el mundo real. Por ejemplo, el monitor que estás viendo fabrica el amarillo combinando una luz roja y verde. Con nuestros sensores químicos de color, no somos capaces de distinguir ese amarillo de un verdadero color amarillo. Un sistema que utilizara difracción cromática sí vería el truco.
Y para ello, sería útil incrementar la aberración cromática… por ejemplo, en lugar de una pupila centrada y pequeña, con una de formas extrañas, que separara las longitudes de onda al llegar a la retina. Que es precisamente la forma de la pupila de los pulpos.
Queda por verificar este interesante planteamiento repitiendo la pruebas de color con pulpos y viendo si realmente no responden a estímulos de color porque no los ven, porque no les interesa, o porque fue un sesgo del experimento. A veces los que no vemos lo que tenemos delante somos nosotros.
Spectral discrimination in color blind animals via chromatic aberration and pupil shape, en PNAS
visto en Pharyngula.



