Buscando un Punto de información turística cerca de la Westkerke -o al menos un kiosco donde vendieran planos- encontré este establecimiento. «-Oh! Un kiosco. Bien.»

Pero al acercarme más descubrí que no era un kiosco cualquiera. Era discriminatorio, marginador y no-para-ti:

Efectivamente, sólo aportaba información gay sobre Amsterdam. No pude descifrar los extraños iconos superiores (el tercero parece uno de esos omnipresentes cartuchos de patatas fritas) pero seguro que albergaban algún terrible secreto. Total, que tuve que seguir perdido hasta bastante más tarde. Qué desastre de ciudad.
Una nota accesoria: más tarde descubrí que había paseado por todo el Barrio Rojo sin enterarme, una versión extrema de mi habitual despiste (soy incapaz de distinguir una prostituta a menos que lleve un cartel colgado al cuello, y a veces ni eso).




Juas…!
Pasear por el barrio rojo y no darse cuenta tiena bastante de delito… 🙂
¡Es que soy así! ¡Me puse a mirar unos escaparates de libros y al rato vi que la mitad eran de fotos de cuero: levanto la vista y era una tienda de sadomaso, con el hermano de Freddie Mercury en el mostrador! Historias así, docenas. Lo raro es que salga indemne.